El hombre de las 40 vacunas

Un día, de joven, a Maurice Hilleman (1919-2005) lo pilló el sacerdote luterano de la iglesia a la que pertenecía su familia leyendo El origen de las especies de Charles Darwin. Se aburría durante el sermón y decidió leer ese libro que le atrajo cuando lo vio en la biblioteca pública de su pequeño pueblo de las llanuras de Montana. Sus parientes tenían una granja y ahí fue creciendo mientras los libros y las excursiones por el campo despertaban su interés por la biología. Estuvo a punto de no ir a la universidad por motivos económicos pero gracias a la ayuda de su hermano mayor lo consiguió. Y menos mal, porque a él le debemos el desarrollo de alrededor de 40 vacunas, incluyendo: el Haemophilus influenzae tipo b, la hepatitis A, la hepatitis B, la varicela, la del sarampión o las paperas (estas dos últimas, junto a la de la rubéola, se administran juntas, gracias a Hilleman, en una combinación llamada triple vírica).


Era un científico de vocación, apasionado por lo que hacía y obstinado en ganar alguna batalla contra las infecciones. Tenía un carácter fuerte que le causó algún que otro problema con sus compañeros, pero fue un gran científico. Una de sus muchas anécdotas comienza una noche de 1963 cuando una de sus hijas lo despertó. Tenía fiebre alta y una gran inflamación cerca de la mandíbula. Rápidamente la diagnosticó: padecía un síndrome viral que concordada con “paperas”, el nombre común para una infección de la glándula parótida, una de las glándulas salivales, causada por el virus Mixovirus parotiditis. Suele tener poca repercusión, pero en ocasiones puede extenderse más allá causando incluso esterilidad si afecta a los testículos, en el caso de los varones. El virus no lo sabía, pero esa noche había infectado la parótida equivocada.

Hilleman trabajaba en aquel momento -como casi toda su vida- en la farmacéutica Merck. Después de calmar a su hija, tomó muestras de su garganta y salió corriendo hacia su laboratorio en medio de la noche para conservarlas. Más tarde, después de mucho trabajo, a partir de la cepa viral que había infectado a su hija, atenuó el virus e inició la producción masiva de la vacuna. Esas cepas se conocen hoy en día como Jeryl Lynn, su hija. Hilleman dejó moribundo al virus: en España había 1000 casos por cada 100000 habitantes en 1982 y en 2016 tan solo 10 casos por cada 100000. Su eficacia no es perfecta, pero poco a poco se relega esta enfermedad a la clasificación de “rara”.

También participó en aumentar la seguridad de la vacuna de la polio. En 1960 junto con otros compañeros, observó que el Papovirus SV-40 (originario de monos cercopitecos y rhesus que se utilizaban para fabricar la vacuna) contaminaba muchas de las vacunas de la polio. El virus inducía la aparición de algunos cánceres in vitro, aunque según muchos estudios posteriores parece que no lo hace en humanos. Pese a ello, el trabajo de Hilleman y sus colegas perfeccionó el desarrollo y seguridad de esta y todas las vacunas.

Me sorprende lo desconocido que es Hilleman, yo mismo no lo conocía hasta hace poco, pese a que sus logros afectan de forma directa a nuestras vidas. Durante la mayor parte de nuestra historia, esas enfermedades eran un verdadero enemigo para las familias. Hoy, cuando oímos hablar de ellas casi siempre lo hacemos leyendo el calendario vacunal o en las noticias cuando alguien decide no vacunar a sus hijos. Supongo que, como se suele decir, a lo bueno se acostumbra uno rápido.

Realizó muchos otros aportes a la cultura humana: codescubrió los adenovirus (un tipo de virus respiratorios), desarrolló una vacuna para prevenir un tipo de cáncer de pollos y gallinas transmitido por virus, descubrió parte de los sistemas que utiliza el virus de la gripe para mutar y fue el primero en purificar el interferón (una molécula clave en la inmunidad) y en demostrar que se puede formar inducido por la presencia de virus.

Se suma a otras grandes mentes que trabajaron en el desarrollo de un modo de evitar que las infecciones nos afecten. Como Jonas Salk (1914-1995) o Albert Sabin (1906-1993), quienes rechazaron sendas patentes de sus vacunas contra la polio para que pudieran fabricarse al menor coste posible y extender la inmunización. Las vacunas deben considerarse un enorme logro de la humanidad, indispensables si queremos seguir viviendo holgadamente hasta los 80 años y mantener la mortalidad infantil prácticamente nula.

Hilleman es una de esas personas a las que no me molestaría ver en estatuas por ciudades de todo el mundo, pero probablemente nunca las tenga, pues sus méritos no son ganar una guerra, sino ser una de las personas que más vidas ha salvado -y salva- en la historia.

Borja Merino.


BIBLIOGRAFÍA:
Dove A. Maurice Hilleman. Nat Med. 2005 Apr 1;11:S2–S2.
Oransky I. Maurice R Hilleman. Lancet. 2005 May;365(9472):1682.
Maurice R. Hilleman Dies; Created Vaccines [Citado 24/05/2017].
Maurice Hilleman, “padre” de más de 40 vacunas [Citado 24/05/2017].
Shors T. Virus: estudio molecular con orientación clínica. Ed. Médica Panamericana; 2009.
Historias de la vacunología: El infatigable vacunólogo Maurice Hilleman (1919-2005) [Citado 24/05/2017].
Hilleman MR, Tytell AA. The Induction of Interferon. Sci Am. 1971 Jul;225(1):26–31.