La medicina en imágenes #3: albóndigas con fideos

Los hongos (o fungi) son un reino independiente de los animales, las plantas o los protistas. Son un montón de organismos: más de 100.000 especies descritas, ¡aunque se estima que pueda haber hasta 1,5 millones de ellas!

Muchos hongos nos son indispensables a los humanos. No solo por los efectos que cumplen en los ecosistemas sino porque nos afectan de forma directa. Investigando pacientemente, Alexander Fleming (1881-1955) descubrió en septiembre de 1928 cómo una especie de hongo llamada Penicillium notatum destruía las colonias de bacterias con las que estaba en contacto. Así se descubrió la penicilina. Fleming fue un gran científico con un gran haber de descubrimientos a su espalda. Por ejemplo descubrió la lisozima, una importante molécula que tiene capacidad para destruir microorganismos, lo cual le fue de gran ayuda a la hora de interpretar los resultados del Penicillium. La lisozima, por cierto, la puedes encontrar en tus lágrimas, de ahí que sea cierto que tienen algo de poder antimicrobiano. Años después del descubrimiento de la penicilina, cuando se supo la magnitud de su hallazgo, la medicina cambió por completo.



Pero no solo a curar enfermedades nos ayudan los hongos: el Saccharomyces cerevisiae y el Penicillium roqueforti se unen para que puedas tomarte una caña con una tapita de queso, que también mola.

Vamos con la parte mala. De toda esa cantidad de hongos, unas doscientas especies pueden causarnos algunos quebraderos de cabeza pues son capaces de dañar nuestra salud; además no les bastaba de una, sino que nos dañan de varias formas diferentes:
  • Pueden causarnos reacciones alérgicas, como tantas otras sustancias o especies.
  • Pueden producir toxinas que nos afecten, como algunos tipos de hongos alucinógenos.
  • Pueden crecer en el cuerpo, produciendo una micosis.
  • Y pueden destrozar nuestros alimentos, con un gran impacto económico.
Los hongos pueden vivir en muchas superficies, desde la tierra de un monte a la naranja de hace unas semanas que tienes en la cocina. También en nuestro cuerpo; tanto órganos internos como en la piel.

Pueden ocurrir micosis de forma espontánea como algunas candidiasis o por ejemplo si andas descalzo por una piscina. Pero fuera de estas enfermedades comunes, muchas veces las micosis son una pista para el médico porque le informan de que algo puede ir mal. Estamos hablando de micosis graves que no responden al tratamiento y suelen deteriorar mucho el estado de la persona.

La pista nos indica que el sistema inmune, que debería evitar que el hongo tome nuestro cuerpo como su casa, funciona mal. Es muy frecuente que en el SIDA aparezcan candidiasis bucales muy resistentes y a veces incluso es el primer síntoma de esta enfermedad. También con el uso prolongado de antibióticos pueden producirse estas micosis porque eliminan las bacterias "amigas" que normalmente habitan nuestro cuerpo: los antibióticos las matan y los hongos (a los que, como a los virus, no les afectan los antibióticos) toman su lugar.

Entonces tenemos hongos que aparecen en personas sanas, en pacientes con inmunodeficiencias o en personas con tratamientos antibióticos largos. Por eso puede, aunque no es lo frecuente, ser una pista para que el médico piense en algo más.

Otro ejemplo de micosis es la pitiriasis versicolor, una enfermedad bastante común. Pitiriasis significa en medicina "descamación", y existen muchas pitiriasis: rosada, versicolor, alba... Algunas son producidas por hongos, otras son reacciones a virus, otras se producen por poca limpieza, etc. A la caspa del pelo se le llama de forma técnica "pitiriasis simple", una descamación. 

La pitiriasis versicolor es una micosis cutánea. Como seguro que recuerdas, la piel tiene diferentes capas. Pues en función de a qué capa afecte, podemos diferenciar las micosis cutáneas en superficiales o profundas. A mayor profundidad más síntomas en el paciente, como es lógico. Y cuanto más superficiales, más probable es que el paciente no note nada más que unas simple (aunque antiestéticas) manchas.


Como la pitiriasis versicolor es superficial no suele dar más problemas que las manchas anteriores y quizás algo de picor. A las manchas en dermatología se les llama máculas, y cuando además tienen relieve y están elevadas les llamamos pápulas. Cuando una pápula es grande se convierte en una placa.

Las máculas en esta enfermedad recuerdan a un mapa, todo lleno de bordes irregulares, por eso se suele decir en la jerga que tienen "distribución geográfica": entrantes y salientes con islotes separados de placas principales.

Otra cosa muy interesante es el color de las manchas; recuerda que el apellido de esta enfermedad es versicolor... Varía de marrón claro hasta máculas blanquecinas. El hongo filtra los rayos de sol y por acción de unas sustancias químicas que tiene llamadas ácidos dicarboxílicos evita que se produzca un bronceado normal en la piel. El bronceado normal se produce por acción de la melanina, una sustancia que contienen unas células de la piel llamadas melanocitos, y que se sintetiza por acción de los rayos ultravioleta del Sol y otras moléculas reguladoras que segrega el sistema nervioso. El caso es que estos ácidos dicarboxílicos bloquean este proceso, de tal manera que la lesión se ve de un color más claro que el resto de piel. Pero bueno, eso si estás moreno. ¿Y si no lo estás? Pues en ese caso la coloración es similar a la piel circundante sana, pudiendo verse incluso más oscuro si el paciente tiene la piel clara.

El hongo responsable de la pitiriasis versicolor suele ser el Malassezia globosa. Es un cabroncete al que le gusta mucho el calor y la humedad, por lo que suele crecer en los pacientes desde la primavera hasta el final del verano. Por este motivo se le suele llamar “el hongo de las piscinas o del verano”, pese a que, paradójicamente, no se encuentran en las piscinas. También puede crecer en pacientes con inmunodeficiencias (como mencionamos antes para los hongos en general), pero suele darse en personas sanas.

Para diagnosticar una pitiriasis, normalmente vale con que un médico cualificado vea las manchas. Pero si hay dudas se puede raspar un poco las lesiones y estudiarlas. Los fragmentos obtenidos se tiñen con un colorante especial llamado azul de toluidina y, al observarlos al microscopio, se ve una imagen característica de esporas y micelios que simulan unas “albóndigas con fideos”. Fíjate:

Como recordarás, los micelios son el conjunto de hifas y constituyen el "cuerpo" del hongo. Las hifas son filamentos de las células que conforman el hongo. El otro componente de este delicioso "plato", las esporas, son células (o conjuntos de células) que forman parte del ciclo reproductor y que están especializadas en producir un nuevo hongo donde las condiciones lo permitan, cumplen una función muy parecida a las semillas en las plantas. Si hay esporas y micelios al observar el raspado en el microscopio nos indica que el hongo se reproduce, es decir, hay hongos y además no están curados.

Con los símiles se recuerda mejor, por eso en medicina es muy habitual asociar algo que observas en un paciente con ideas que nada tienen que ver excepto por su parecido físico. Aunque a veces esto juegue malas pasadas y nos lleve a asociar algo tan delicioso como unas albóndigas con fideos con un raspado de hongos... Bon appétit.

BIBLIOGRAFÍA:
1. Longo D, Fauci A, Kasper D, Hauser S, Jameson JL, Loscalzo J. Harrison. Principios de medicina interna. 18th ed. McGrawHill; 2012.
2. Wolff K, Johnson RA, Suurmond D. Fitzpatrick. {Dermatología} clínica. 5th ed. McGraw-Hill;

ENLACES:
Más información sobre la pitiriasis