18 de noviembre de 2014

La medicina en imágenes #1: dianas en la piel

Te despiertas una mañana. Tras atrasar las dos veces de rigor el despertador te encaminas hacia la ducha con tu bata bien agarrada entrecruzando ambos extremos delanteros sobre el pecho con fuerza, pero te das cuenta de que esta maniobra en absoluto mitiga el frío mañanero de noviembre. Es el primer día desde hace siete que te levantas tan temprano de la cama. Estos días no podías hacerlo porque te lo impedía la faringitis; por suerte, tras esperar un tiempo prudencial fuiste al médico y este te recetó amoxicilina para luchar contra las bacterias que estaban haciéndote daño en tu garganta. El antibiótico parece funcionar y hoy ya te encuentras mucho mejor. Tu rápida recuperación te alegra como no puede ser de otra manera, pero aun así no puedes evitar sentir un poco de tristeza por tener que volver a sufrir el frío de la mañana y no poder continuar en fase REM entre las sábanas. Sin desperezarte todavía, te dispones a abrir el grifo del agua caliente. Pero entonces tu mirada se centra en tu mano y, de súpeto (como decimos en Galicia), tus ojos están plenamente abiertos, despiertos y fijándose en la piel porque sobre ella han aparecido unas manchas muy raras que nunca antes habías visto:



Esas manchas forman parte de un síndrome conocido en medicina como eritema multiforme. Como todos los síndromes, se puede ver en muchas enfermedades diferentes.

Pero antes de nada vamos a describir la imagen, algo muy importante para llegar al diagnóstico. Las lesiones, como puedes apreciar, tienen forma de diana o escarapelo. Es más fácil describir una imagen si la asociamos a algo que ya conocemos. Tienen forma redondeada y regular con un borde bien definido y con al menos tres zonas concéntricas diferentes como seguro que percibes si agudizas tu mirada. También, aunque en la imagen no se aprecia puede haber vesículas en la zona central.

La historia de este síndrome se remonta al sabio romano Celso (25 a. C. - 50 d. C.), persona muy docta pero sobre la que cae una de esas irónicas condenas de la historia. Se le recuerda no solo por sus obras enciclopédicas sino por haber sido denostado por otro insigne personaje de la historia médica, Paracelso ("mejor que Celso"). Pues parece que fue Celso (perdóname el lío de fonemas) quien describió por primera vez este síndrome. Sin embargo se considera al médico austríaco Ferdinand Ritter von Hebra (1816-1880) el verdadero descubridor por describirlo y catalogarlo tal y como lo conocemos en la actualidad.

Hoy en día definimos el eritema multiforme como una reacción inmune cutánea a un antígeno que se encuentra deambulando por el organismo. Nuestro sistema inmune le ataca produciendo esas características marcas en la piel en forma de diana.

Y aquí nos encontramos ya con el grueso de la cuestión: ese antígeno puede ser un medicamento (sobre todo del grupo de las penicilinas), o sustancias liberadas por microorganismos extraños como los virus del herpes simple, o bacterias de los géneros Mycoplasma y Streptococcus (recuerda aquí que sufrías una faringitis). O también puede suceder simplemente el caso en el que el antígeno sea ignoto. Si es así utilizamos una palabra que suena muy bien pero cuyo equivalente castizo es cajón de sastre: eritema multiforme idiopático (este término se utiliza en medicina cuando no se conocen las causas de algo). Si tuviese que apostar y me jugase dinero en ello, diría que el paciente que acude con este eritema tiene herpes simple, porque es bastante común sufrirlo tras un brote. Pero no siempre ocurre así.

El cuándo, cómo y dónde aparecen estas lesiones es muy importante. Todos estos datos tiene que preguntártelos el médico después de describir lo que ve. Suele producirse antes de los 20 años (más o menos el 50% de los casos se producen en una edad menor) y es más frecuente en varones. Las manchitas (mis profesores me matarían si se enteran que digo "manchitas") acostumbran a tardar unos días en formarse porque el sistema inmune necesita prepararse de igual forma que tarda unos días en completar su ejército contra tus infecciones. Aunque en este caso nos perjudica, más que nos ayuda.

Si lo padeces, lo más frecuente es que lo tengas en las palmas de las manos, extremidades, en la cara o en la zona genital. No suele picar (recuerda que el picor en medicina se llama prurito) pero a veces, ya ves cuanto de razón lleva en medicina aquella vieja frase una de cal y otra de arena, sí lo puede hacer, sobre todo cuando se encuentra en la cara cerca de los labios.

El eritema multiforme que estamos describiendo tiene varias presentaciones diferentes. Hasta ahora todo lo que mencionamos se engloba como eritema multiforme menor, el más leve de la familia porque acostumbra a desaparecer en pocas semanas sin apenas intervención médica. Pero también podemos encontrarnos con el eritema multiforme mayor (con mayor extensión corporal que el menor), el síndrome de Stevens-Johnson o la necrólisis epidérmica tóxica. Estos dos últimos no son enfermedades banales y requieren tratamiento médico urgente. Por suerte son muy infrecuentes.

Al final no te dio tiempo a ducharte, saliste corriendo en cuanto te fijaste en tu mano. Tras esperar en urgencias y ser visto por varios médicos, tus manchas se trataban de un eritema multiforme menor sin mucha importancia. Tu angustia desapareció. Probablemente surgió a raíz de la medicación o incluso de antígenos de los Streptococcus alojados en tu garganta. En cualquier caso, salvo alguna que otra revisión para asegurarnos que todo va bien, te has ganado unos días más de reposo en cama sin sufrir el frío mañanero.

BIBLIOGRAFÍA:
  • Longo, Dan L.; Fauci, Anthony S.; Kasper, Dennis L.; et al. (2012). Harrison. Principios de Medicina Interna. McGrawHill.
  • Wolff; Johnson et al. (2006). Fitzpatrick: Atlas en Color y Sinopsis de Dermatología Clínica. Editorial Médica Panamericana. 6ª edición.
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