11 de agosto de 2014

El fascinante viaje de los cometas y de una sonda llamada Rosetta

Los cometas nos han acompañado a los seres humanos a lo largo de nuestra historia. El Sol, la Luna o las estrellas han sido objeto de admiración por parte de nuestra especie, pero sobre los cometas siempre hemos reflexionado con cierta distancia, no solo la que se mide en años luz, sino con cierto recelo, superstición o incluso temor.

Aparecían más o menos cuando les daba la gana, desafiando el orden que existía –o debería existir- en el cosmos, si este fuese regido por una divinidad. Semejantes astros no podían aparecer en el firmamento sin intención alguna. Y así la superstición hizo que los cometas fuesen desdeñados por augurar malos presagios en las cuestiones humanas: desastres, inundaciones, guerras o muerte y destrucción.



Incluso el cometa Halley, que durante siglos provocó pavor en la humanidad, precipitó la conquista de Inglaterra por parte de Guillermo el Conquistador como así parece mostrarnos el precioso Tapiz de Bayeux. Hay quien se atrevió a ir más allá y confirmar definitivamente que la existencia de los cometas se debía a algo muy humano:
Un cometa es la humareda espesa de los pecados humanos, que sube cada día, a cada hora, en cada momento, llena de hedor y de horror ante la faz de Dios, volviéndose gradualmente más espesa hasta formar un cometa con trenzas rizadas, que al final se enciende por la cólera y el fuego ardiente del Supremo Juez Celestial.
Como no, semejante retahíla de afirmaciones contrastadas y falsables solo podía proceder de un teólogo, un tal Andreas Celichius. Incluso los suyos, como cuenta Sagan en Cosmos, le criticaron porque no podía ser cierto: si los cometas fuesen el humo de los pecados, los cielos estarían constantemente en llamas.

Al final nos desprendimos de nuestra mochila supersticiosa y como tantas veces en la historia de la humanidad pasamos del mito a la razón gracias a la ciencia. Abandonamos los viejos fantasmas y nos adentramos ya de lleno en la moderna ciencia astronómica.



Sir Isaac Newton nos permitió ablandar las cadenas de la superstición en lo que a los cometas se refiere al descubrir las leyes naturales por las que, como todos los demás astros, se rigen; las leyes de la gravedad.

Pero fue Edmund Halley, amigo de Newton, quien definitivamente miró a los cometas sin el miedo y pavor supersticioso. Para llevar a cabo su laborioso empeño desempolvó antiguos libros de astronomía en los que se mencionase algún paso de un cometa. Recogió los testimonios fiables de todos aquellos que escribieron sobre ello desde Nicéforo Grégoras. Hizo pruebas estableciendo hipotéticas órbitas y viendo si encajaban en las observaciones. Trabajó arduamente pero al final llegó a una conclusión matemática aplicando las novísimas leyes de la mecánica newtoniana: los cometas se mueven con enormes órbitas elípticas alrededor del Sol. Él mismo averiguó en 1707 que los cometas vistos en 1531, 1607 y 1682 eran apariciones del mismo cometa, que se dejaba ver en nuestro planeta a intervalos de 76 años. Ganando la batalla a la superstición hizo una asombrosa profecía: el cometa volvería en 1758 desde una zona concreta del cielo y siguiendo una trayectoria específica. El cometa no faltó a la cita y le dedicaron, póstumamente, su nombre.

Bastantes años después de aquel logro, cuando el cometa pasaba cerca de nuestro planeta en el año 1986 conseguimos acercar una sonda a su encuentro. La sonda espacial Giotto pasó a 596 kilómetros de distancia del cometa Halley el 14 de marzo de 1986. Ahora la hazaña, como tantas veces en ciencia, se ha superado una vez más.



Imagínate un viaje de diez años y 6400 millones de kilómetros. Semejante camino lo acaba de recorrer la sonda espacial Rosetta para llegar a su alucinante destino, un cometa cuyo complicado nombre 67P/Churyumov-Gerasimenko se nos torna ya familiar.

Ese cometa ya es un poco "nuestro" porque ha sido la primera vez en la historia de la humanidad que hemos conseguido un logro semejante. Algo que los seres humanos hemos tenido entre las manos, algo que hemos construido nosotros mismos, está en estos momentos orbitando un cometa, acompañándolo a gran velocidad en su largo viaje alrededor del Sol. Los amigos Newton y Halley estarían, si me permites la expresión, flipando de la emoción. Hemos conseguido acercarnos a una de aquellas rocas que viajan a una gran velocidad por el sistema solar y que tantos quebraderos de cabeza dieron a la humanidad. ¿Somos conscientes del logro que significa?

El viaje de Rosetta se empezó a gestar en la mente de los astrofísicos allá por los años ochenta del siglo pasado. Hubo que planearlo y, como todo en ciencia, estudiarlo mucho. La gesta espacial fue aprobada por la ESA a principios de los años noventa. Todo ello permitió que el dos de marzo de 2004 el Puerto Espacial Europeo en Kourou en la Guayana francesa se engalanase. Ahí comenzó nuestra sonda Rosetta su viaje.

El cometa Halley como ya sabes pasa cerca de la Tierra cada 76 años, pero "nuestro" cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko sigue una órbita elíptica de 6,5 años que lo lleva hasta más allá de Júpiter en su punto más alejado y entre las órbitas de Marte y nuestro planeta en el punto más próximo al Sol.

Su odisea no fue fácil y Rosetta permaneció hibernado mientras daba tres vueltas alrededor del Sol y atravesaba varios planetas para coger impulso y acercarse a la órbita de su destino. Esta compleja trayectoria milimétricamente calculada también ha hecho posible que Rosetta visitara de cerca, como una parada antes del destino final, los asteroides Šteins y Lutetia.

Cuando te embarcas en preparar el viaje de las vacaciones normalmente sueles tenerlo más o menos planificado, al menos el hotel, los días y el modo de viajar. Pero un viaje como el de Rosetta requiere mucha más planificación; cuesta imaginarlo. Desde mayo lleva haciendo complicadas maniobras para acercarse al cometa y entrar en órbita en el instante preciso. Estos días se completó la última de estas maniobras y finalmente Rosetta ha conseguido orbitar el cometa. Imagínate lo complicado y perfectamente estudiado que tenía que estar pues si alguna de esas maniobras hubiese fallado el cometa pasaría de largo, como siempre habían hecho en la historia de la humanidad cuando los observábamos; hasta ahora.

Rosetta se ha convertido en una especie de cometa fabricado por el hombre porque acompaña ya al 67P/Churyumov-Gerasimenko y lo hará durante algo más de un año incluyendo el paso del cometa por el perihelio (el punto más cercano de su órbita al Sol). Fíjate, esto nos permitirá obtener fotografías inéditas de la formación de lo más paradigmático de un cometa: su cola; que se produce cuando el sol calienta las partículas del cometa y se desprenden de él.



Pero la hazaña no termina aquí, ni mucho menos. ¡Lo bueno todavía no ha comenzado! ¡Cómo mola la ciencia! A finales de año Rosetta se acercará poco a poco al cometa hasta que en noviembre una sonda llamada Philae que viaja ahora mismo como ocupante de Rosetta se desprenda para aterrizar, en un nuevo hito histórico, sobre la superficie del cometa. Otra maniobra milimétrica pues como sabes los cometas apenas tienen gravedad lo que dificulta que Philae se fije en su superficie sin salir despedido de nuevo hacia el espacio.

¿Y todo este viaje para qué? Además de que per se supone ya un logro en la historia de la ciencia y cultura humanas, tanto Rosetta como Philae son extraordinarios aparatos de recolección de información y experimentación. La misión servirá para que podamos hacernos una idea de las condiciones físicas que predominaban cuando se formó el sistema solar.

La misión tiene numerosos objetivos y como decía al comienzo, este cometa se hará muy nuestro. Se taladrará su superficie y se analizará su composición y los datos que obtengamos serán aprovechados extraordinariamente. Esa información nos puede ser útil para entender varias incógnitas científicas de las grandes. Las dos más importantes son el origen del agua y de la vida en la Tierra.

Se supone que los cometas son grandes bloques helados de polvo y rocas formadas cuando se originó el sistema solar. Aquí ya te das cuenta de la importancia de acceder a un cometa. Rosetta y su compañero Philae pueden darnos pistas para entender perfectamente el origen del sistema solar, el origen de nuestro barrio cósmico.¿Se esparcieron grandes cantidades de moléculas de agua por la superficie de la Tierra gracias a la lluvia de los cometas? ¿Las moléculas orgánicas que contienen los cometas fueron determinantes para la vida?

En la historia de la astronomía ha habido un puñado de misiones a cometas desde que en 1986 Giotto se acercase al cometa Halley. Pero la sonda Rosetta, por el contrario, es la primera en orbitar un cometa, en dar vueltas alrededor de él. El nombre de la sonda está inspirado en la Piedra de Rosetta que sirvió para desvelar los misterios de la escritura jeroglífica egipcia. Al igual que su tocaya se espera que la sonda Rosetta desvele muchos misterios del sistema solar. Esta misión cambiará probablemente nuestro conocimiento acerca de los cometas y del origen del sistema solar y perfeccionará nuestra tecnología. Estamos orbitando un cometa y pronto estaremos en su superficie. Algo impensable en las grandes mentes de aquellos grandes hombres que liberaron a los cometas de su cola mágica y supersticiosa.

BIBLIOGRAFÍA:
  • Flammarion, C. (1964). The Flammarion book of astronomy. Simon and Schuster.
  • Sagan, Carl. (1980). Cosmos. Editorial Planeta.
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