11 de febrero de 2014

Pobreza, pero no pauperismo

Recientemente el actual gobierno Español introdujo más horas lectivas de Religión Católica en los institutos a la vez que aumentaba su peso docente, equiparando esta materia a las matemáticas, la biología o la filosofía; pues la nota de Religión Católica volverá a contar para hacer la media y para obtener becas. Por desgracia la nueva ley educativa, la LOMCE, ya está aprobada y entrará próximamente en vigor.

Allá por el siglo XIX, Concepción Arenal escribía esto:



Undécimo. Aunque no parece indispensable, tal vez sea conveniente decir que al incluir en el programa de enseñanza popular la religión la tomamos en su sentido más lato y general, no en el de culto ni religión particular.

Las verdades morales no se demuestran por los procedimientos de las matemáticas; pero no dejan de demostrarse por eso con el auxilio del sentimiento y de la conciencia, que son cosas tan positivas y verdaderas como los teoremas geométricos. Por ventura la atracción que inspira el bien y la repulsión del mal, la complacencia que causa la belleza y la mala impresión que produce la deformidad, ¿son cosas menos ciertas que el que los tres ángulos de un triángulo equivalen a dos rectas?

Verdad religiosa es para algunos un contra, sentido; califican de necio al que pretende dar a estas palabras una explicación racional; pero Platón, Leibniz, Kant, Descartes, Newton, que se la dieron, no son, al parecer, inferiores en entendimiento a esos caballeros que se la niegan. El silencio del maestro respecto a religión, no nos parece razonable.

La humanidad lleva siempre consigo este terrible triángulo: culpa, dolor, misterio; quiere, necesita tranquilidad de conciencia, consuelo para sus penas, explicación para sus dudas: esta necesidad es humana; si no se satisface bien se satisfará mal, y el vacío determinará la absorción del error si no hay verdad que lo llene. El maestro no habla de Dios, pero el discípulo oye hablar de Él; por suprimirle de la escuela no se suprime del corazón humano, y se abandona este sentimiento en manos de los que pueden extraviarle en vez de dirigirlo. Porque el sentimiento religioso, que es un hecho, si la razón no se armoniza con él, se extravía. Prescindir de la enseñanza religiosa, es dividir a los hombres en dos clases: impíos y supersticiosos, elementos imposibles de armonizar, ni de convertir en medio de perfección y de prosperidad. Todo lo que se debe o conviene saber, conviene o se debe enseñar.

Se ha dicho: no hay salvación fuera de la Iglesia. Nosotros decimos: no hay salvación fuera de la ciencia, del conocimiento necesario en todos los hombres para que la sociedad sea organismo armónico, y no aglomeración bajo la presión de un poder cualquiera. Y no lo decimos nosotros, amigos del progreso; lo dicen o lo piensan, o inconscientemente obran como si lo pensaran, hasta los retrógrados. Los que quieren dominar por medio de la religión, ¿qué hacen hoy? ¿Predican? No; enseñan. ¿Dan las grandes batallas por defender el dogma? No, sino por apoderarse de la enseñanza. Enseñemos, pues; enseñemos la verdad; derramémosla sobre la frente del pueblo como un bálsamo regenerador; que la reciba elevada, pura, y será redimido por ella. El error sólo puede vivir en la obscuridad; si sale de ella, se pierde; si enciende luz, se suicida. Que nuestros adversarios enseñen a leer, y escribamos los libros de lectura.

El día en que no haya miseria mental podrá haber pobres, pero no habrá pauperismo.

BIBLIOGRAFÍA:
Arenal, Concepción. (1999). El pauperismo. Biblioteca Miguel de Cervantes.

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