7 de enero de 2014

La fusión del polo norte

Se me ocurrió entonces preguntarle si ya había descubierto ese Polo jamás hollado por el pie de una criatura humana.  -No, señor -me respondió-, y lo descubriremos juntos. Allí donde otros han fracasado no fracasaré yo. Nunca he llevado a mi Nautilus tan lejos por los mares australes, pero, se lo repito, ira aún más lejos. -Quiero creerle, capitán -le dije, en un tono un tanto irónico-, y le creo. ¡Vayamos hacia adelante! ¡No hay obstáculos para nosotros! ¡Rompamos esta masa de hielo! ¡Hagámosla saltar! Y si resiste, démosle alas al Nautilus para que pueda pasar por encima.  -¿Por encima? -dijo tranquilamente el capitán Nemo-. No, señor profesor, no por encima, sino por debajo.  -¡Por debajo! -exclamé.
El texto anterior procede de la imaginación de Julio Verne: Veinte mil leguas de viaje submarino. Todo lo que un hombre pueda imaginar, otro podrá realizarlo. La sentencia de Verne, se hizo realidad, una vez más en su obra. En 1958 un Nautilus real impulsado por energía atómica pasó por debajo de los hielos del Polo Norte. El USS Nautilus (SSN-571) fue un submarino nuclear de ataque de la Navy estadounidense. Marcó un hito por dos aspectos: fue el primer submarino de la historia dotado de propulsión atómica y el primer navío que atravesó sumergido el Polo Norte, confirmando de ese modo que en el Polo Norte sólo hay hielo flotando. 

No ocurre lo mismo, por ejemplo en la Antártida, la cual es un continente en sí mismo situado sobre roca y con diversas formaciones terrestres, entre las que destaca el famoso volcán Monte Erebus:


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Se afirma muchas veces que el calentamiento global que sufre el planeta a causa del efecto invernadero provoca la fusión del hielo del Polo Norte con lo que aumentaría el nivel del mar. Si se fundiese todo el hielo del Polo Norte, el nivel de los mares no se elevaría ni un solo milímetro. Ni uno. ¿Cómo lo explicamos?

La solución pasa por el archiconocido principio de Arquímedes, que no por mil veces repetido deja de ser cierto. A veces se enseña como el catecismo: esto es así porque lo dijo un tipo llamado Arquímedes, sabio donde los haya, y no vamos a contradecirle. Y entonces procedemos a recitar en tono solemne: un cuerpo total o parcialmente sumergido en un fluido en reposo, recibe un empuje de abajo hacia arriba igual al peso del volumen del fluido que desaloja.

Se aprende mejor con un ejemplo. Construyamos nuestro Polo Norte particular. Consigue un vaso de vidrio, llénalo de agua e introduce varios cubitos de hielo. Dibuja una marca en el vaso a la altura del agua. Lo dejamos a temperatura ambiente y vemos qué sucede: una vez derretido el hielo el nivel del agua no ha variado. ¡Eureka! El experimento ha sido un éxito y en consecuencia la afirmación: la fusión de todo el hielo del Polo Norte (que se encuentra flotando) no produciría ninguna elevación en el nivel de los mares, es cierta.


¡Pero ojo! Esto sólo se refiere, por el principio de Arquímedes, al hielo que ya flote en el agua. Otra cosa muy distinta es que se fundiese el hielo que está sobre la Antártida, sobre Groenlandia en las proximidades del Polo Norte, o en los glaciares repartidos por todo el planeta. Ahí sí subiría el nivel del mar con todas las consecuencias catastróficas que produciría. Un problema muy grave.

ENLACES:
BIBLIOGRAFÍA:
Baker, Joanne. 50 cosas que hay que saber sobre Física. 4ª Ed. Editorial Ariel
Casalderrey, M.L. (2005) Rincón Abierto. La voz de Galicia.

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