Dispararse no es una buena idea Sr. McClane


Un súper villano que amenaza con destruir el mundo tal y como lo conocemos mantiene sujeto por el cuello al único agente de policía que podría evitar el desastre mientras le apunta con la pistola de frente y justo por debajo de la clavícula. El malvado terrorista no harto con todo el mal que ha causado mantiene secuestrada a la hija de nuestro héroe y a su compañero. La única arma está en su poder. 

Para solucionar tan dramática situación el policía (que resulta ser Bruce Willis interpretando al heroico John McClane en la película La Jungla 4.0) aprieta el gatillo de la pistola del peligroso delincuente. La bala atraviesa su cuerpo por debajo de la clavícula e impacta contra el malo, muriendo este en el acto. Con un poco de esfuerzo McClane se recupera en pocos minutos y simplemente con una venda y aplicando presión la herida ya está listo para otra aventura. Su hija le grita nerviosa: "¡Te has pegado un tiro!". Estoicamente responde: "Me pareció una buena idea".


Fuera de Hollywood no creo que le pareciese una buena idea. No soy muy dado a criticar una película por sus errores científicos, al fin y al cabo se trata de ficción; pero si la crítica nos ayuda a divulgar algo de ciencia sí me parece una buena idea. Si John McClane conociese algunos conceptos básicos de la anatomía humana sabría que pegarse un tiro en ese lugar, debajo de la clavícula, no es precisamente lo que se llamaría "buena idea".

Debajo de la clavícula se encuentra entre otras cosas los vasos subclavios (arteria y vena subclavia) y el plexo braquial. Aunque no te suenen son dos importantes estructuras anatómicas que trabajan duro para que puedas usar tus brazos.

El plexo braquial es el conjunto de nervios formados por las raíces nerviosas que salen de entre las vértebras cervicales C5, C6, C7, C8, y de la primera dorsal (D1). Se forman en la médula espinal y van a dar inervación a todo el brazo. Es decir, el plexo braquial es responsable de todas de las acciones del sistema nervioso sobre el miembro superior. El plexo braquial va dando los nervios radial, mediano y cubital, que nos permiten mover y sentir desde el hombro a la punta de los dedos.

Los vasos sanguíneos subclavios por su parte van a aportar sangre a todo el miembro superior. La arteria y la vena subclavia son responsables, respectivamente, de toda la entrada y la salida de sangre al brazo. La arteria aorta es un gran vaso sanguíneo arterial, la arteria con mayor diámetro del cuerpo, y que procede del ventrículo izquierdo del corazón. Posee una parte ascendente y una descendente (que luego a su vez la dividimos en dos porciones torácica, cuando su trayecto discurre por encima del diafragma, y la aorta abdominal, por debajo del diafragma hasta la pelvis). Las porciones ascendente y descendente se unen formando una curvatura, conocida como cayado aórtico. La arteria subclavia izquierda emerge directamente del cayado aórtico y la derecha, del tronco braquiocefálico arterial, que a su vez sale del cayado. Ambas pasan por debajo y por detrás de la clavícula al brazo donde se subdividen en distintas arterias y venas.

Las arterias subclavias (y las venas) contienen por tanto una gran cantidad de sangre (¡toda la que necesitan los brazos!), y son vasos con un diámetro bastante considerable. Por ello, y aunque a nuestro protagonista apenas le afloró una gota de sangre en la película, la lesión de arteria subclavia suele originar una hemorragia que puede ser masiva. Una verdadera urgencia médica con una mortalidad bastante alta.

Pero hay más cosas debajo de la clavícula. El vértice pulmonar (la parte superior de los pulmones, que acaba en punta) termina en la base del cuello, un poco por encima de la primera costilla y un poco por debajo de la clavícula. Así que es probable que uno de ellos (el derecho del Sr. McClane) pudiese haber recibido también el impacto de la bala.

Entonces tenemos que se produce una doble hipoxia (falta de oxígeno en los tejidos), una provocada por la falta de sangre (los eritrocitos llevan el oxígeno asociada a la  hemoglobina) derivada de la hemorragia y otra asociada al déficit respiratorio por el daño pulmonar (tanto del hemoneumotorax como del daño directo de la bala) lo cual produce una insuficiencia respiratoria muy grave.

La causa de muerte más probable de un McClane real es el shock hipovolémico por exanguinación. El shock hipovolémico consiste en la disminución del volumen de sangre (por la hemorragia) llegando a una cantidad insuficiente para mantener estable al organismo. La cantidad de sangre que llega a las células es insuficiente para que estas puedan realizar sus funciones, por lo que se produce muerte de los tejidos (necrosis tisular) que hace que los órganos dejen de funcionar. Literalmente el cuerpo se queda sin sangre.

Con lo cual, ahí tenemos el primer problema de recibir un disparo en la arteria (o vena) subclavia, la profusa hemorragia. Pero, por si fuera poco ¡qué no lo es!, asociado a los vasos subclavios va el plexo braquial como dijimos antes. Y una lesión en este plexo puede provocar la pérdida de movilidad y sensibilidad del brazo, temporal o permanente (dependiendo de la lesión), por lo que muchos pacientes con lesiones en esa región necesitan posteriormente a la intervención quirúrgica fisioterapia para la rehabilitación.

Las lesiones en los vasos subclavios son frecuentes en accidentes de tráfico y, por ejemplo, fue la causa de la muerte de una leyenda del rock: John Lennon.Uno de los impactos de bala que disparó su asesino fue precisamente en esta región, lo que le provocó la rotura y separación de la arteria subclavia izquierda de la aorta.


Por todo ello, me temo que McClein debería haber buscado una salida alternativa a la situación en la que se encontraba. Algo de explosiones y coches saltando por los aires, por ejemplo.


REFERENCIAS:
[1] Demetriades D, Chahwwand S. (1999). Penetrating injuries to the subclavian and axillary vessels. ISA: Elsevier Science Inc.; Pp.230-42.
[2] Drake, Richard (2010). Gray Anatomía para estudiantes. 2ª ed. Editorial Elsevier.
[3] Netter, Frank. (2007). Atlas de anatomía humana. 4ª ed. Editorial Elsevier.
[4] Marco Assenza, Leonardo Centonze, Lorenzo Valesini, Gabriele Campana, Mario Corona and Claudio Modini. (2012). Traumatic subclavian arterial rupture: a case report and review of literature. World Journal of Emergency Surgery; 7:18

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