El orgasmo femenino y la evolución

Mientras que el orgasmo masculino está inherentemente unido a la eyaculación, cumpliendo una poderosa función reproductiva, el orgasmo femenino no es necesario para la reproducción en la mujer. De hecho una mujer puede quedar embarazada sin haber tenido un orgasmo. Este hecho se une a la circunstancia de que el orgasmo femenino de nuestra especie es único entre los primates. En ninguna otra especie de primates la hembra goza con un orgasmo. Sólo la hembra humana. Esto nos debe hacer reflexionar sobre por qué se desarrolló el orgasmo únicamente en la hembra humana.


La explicación podemos hallarla en el hecho de que en nuestra especie las parejas sean duraderas. Un macho y una hembra están ligados permanentemente (la mayoría de las veces). Evolutivamente no hay ningún impedimento al orgasmo femenino, puesto que una vez el macho ha terminado no sería "evolutivamente" bueno que la hembra siguiese reaccionando sexualmente cuando el macho está agotado. En los demás primates, en los cuales los lazos de unión entre las parejas no son estables, una hebra está en celo y aunque el macho haya terminado, ella puede seguir buscando sexo. Al haber un único hombre por hembra, no es necesario que la evolución permita que la hebra siga copulando una vez el macho está agotado. De igual manera que la evolución finiquitó el periodo de celo humano, allana el camino para el orgasmo femenino.


Además, existen circunstancias que favorecen su existencia. Ya dijimos que las parejas humanas tienden a ser estables, por tanto es de suponer que cualquier hecho que haga aumentar el placer en las relaciones sexuales a la hembra, permita precisamente esto, que las parejas sean estables, y no necesite buscar sexo. En definitiva, contribuye a fortalecer el vínculo entre la pareja y mantener la unidad de la familia. La otra circunstancia, evolutivamente más importante si cabe, es que el orgasmo femenino aumenta considerablemente las probabilidades de fertilización, y lo mejor de todo es que afectaría sólo a nuestra especie, lo que explica que otros simios no lo posean. Para comprenderlo nos fijamos en el resto de primates. Salvo el ser humano, todos andan a cuatro patas y el acto sexual lo realizan en esa postura. Anatómicamente la diferencia entre la vagina de una mujer y la de otra simio es el ángulo. En la mujer humana debido a la bipedestación, la vagina es prácticamente vertical. El conducto vaginal de los simios es casi horizontal. Después del acto sexual, la mona que suponemos ha sido inseminada por el macho, puede alejarse sin temor a perder el fluido seminal, depositado en el fondo de su conducto vaginal. Por algo anda a cuatro patas. Si la hembra de nuestra especie se conmoviese tan poco por la experiencia de la cópula que fuese capaz de levantarse y marcharse inmediatamente después, nos dice Desmond Morris, por culpa de la gravedad, el semen bajaría por el conducto, perdiéndose en gran parte y dificultando la concepción. Por tanto cabe esperar que evolutivamente la reacción que hace que la hembra no se levante y permanezca en posición horizontal, suponga una gran ventaja evolutiva. "La violenta respuesta del orgasmo femenino, que deja a la hembra sexualmente saciada y exhausta, produce precisamente este efecto. Por tanto, es doblemente valiosa." dice Desmond Morris en "El mono desnudo".

Otro punto evolutivamente destacable es que fisiológicamente el orgasmo femenino es casi idéntico al masculino, fisiológicamente. Tanto en el macho como en la hembra existen propiedades latentes que pertenecen al sexo contrario y la evolución puede, en caso de necesidad, traer a primer plano una de esas cualidades. La hembra humana ha desarrollado una sensibilidad especial al estímulo sexual del clítoris, sensibilidad que no poseen otras hembras de simios. Hay que tener en cuenta que el clítoris es un órgano que anatómicamente es considerado el equivalente femenino del pene masculino, esto parece indicar la circunstancia de que, al menos en su origen, el orgasmo femenino es un fenómeno tomado prestado del macho.

Esto puede explicar también por qué el varón tiene el pene más grande de todos los primates. Este abultamiento del pene hace que los órganos genitales externos de la hembra estén sometidos a mayor presión durante la realización de los movimientos de la pelvis. A cada empujón del pene, la zona donde se halla el clítoris es comprimida hacia abajo, estimulándola.

En resumen, la evolución ha hecho todo lo posible para aumentar la sexualidad y el placer en el ser humano, en concreto en la hembra, para poder asegurar la adecuada evolución del básico sistema de formación de la pareja en un grupo de mamíferos.

BIBLIOGRAFÍA:
Morris, D. (1967). El mono desnundo. Plaza & Janes, S.A. 1ª Ed.
Mora, F. (2008). El científico curioso. Editorial Planeta, S.A. 1ª Ed.