La peligrosa idea de la Ciencia

Antes se decía que esta o la otra teoría científica era cierta, pero ahora ya no. ¿En que quedamos?”. Eso es, a mi entender, lo bonito de la Ciencia.


La ciencia continuamente nos enseña a evitar las afirmaciones absolutas, y buscar, por el contrario, aproximaciones cada vez mayores. Cuando ocurre un cambio en la ciencia, no se elimina de golpe lo anterior, sino que se reemplaza por algo más refinado, más exacto. Un ejemplo es la teoría gravitacional de Newton superada por la relatividad de Einstein. Si verdad existe, si está ahí fuera (y parece razonable afirmarlo) su búsqueda siempre conlleva un margen de error. Por eso siempre dudo de aquellos que afirman tener la verdad. Eso nos lo enseña la ciencia. Según mi opinión, las disciplinas que no pueden alcanzar la verdad son las que, irónicamente, la afirman: teología (esa frondosa rama de la literatura fantástica, como decía Jorge Luis Borges), política, etc. ¡Es probable que mi partido (religión, etc.) tenga la mejor aproximación a la verdad! No. En cambio normalmente se oye, quitando palabrería, algo así como ¡Nosotros somos mejores que los otros! ¿Por qué? Porque vosotros sois peores.

De aquí podemos extraer una conclusión muy interesante. El hecho de que la ciencia no se digne poseedora de la verdad absoluta (¡aunque estemos trabajando en ello!) es una de las cosas en las que me baso para afirmar que la ciencia y la religión se contradicen. Son esencialmente opuestas. La ciencia se basa en evidencias, la ciencia funciona única y exclusivamente en base a las evidencias que nos aporta la observación, las matemáticas, la experimentación, etc. La religión es lo contrario. Eres más virtuoso cuando tienes fe y todas las evidencias están en contra. "Creo porque es absurdo" decía Tertuliano. Por eso opino que no son compatibles. No se puede ser a ratos escéptico si no hay suficientes evidencias y el domingo creer cualquier cosa que tenga las evidencias en su contra o simplemente no tenga evidencias. Se podría decir que la ciencia y la teología se ocupan de aspectos totalmente diferentes, pero acaso la hipótesis de un Dios que creó el universo ¿no es una hipótesis científica? Si Dios soluciona una enfermedad mediante un milagro, ¿acaso no entra dentro de la medicina?

Muchos teólogos se ríen de la ciencia porque cambia. "Miradnos, dicen. Lo que afirmábamos en el Concilio de Nicea, lo seguimos afirmando hoy, mientras lo que los hombres de ciencia aseguraban hace sólo dos o tres años está ya anticuado y olvidado." (Russell 1988). Las personas que hablan así no han comprendido lo que significó la revolución científica. “Yo siempre he pensado…” dicen, como si eso tuviera algún valor o mereciera algún respeto. Bertrand Russell afirmaba que ningún hombre de temperamento científico afirmaría que lo que ahora es creído en ciencia sea exactamente verdad. Es una etapa en el camino hacia la verdad exacta.

Sin embargo, ¿no se contradice eso con el hecho de que los científicos afirmen, por ejemplo, que la evolución es verdadera? La respuesta es no. Hay teorías que están de suma comprobadas, como el hecho de que la Tierra no es plana. Puede ser que dentro de 200 años se descubra que la selección natural era un error, que hay otro método, pero el hecho en sí de la evolución no va a cambiar, igual que la forma de la Tierra. Lo mismo pasa con la relatividad de Einstein, se puede cambiar, modificar, incluso partes importantes, pero hay partes que no, y que sumadas con los futuros descubrimientos y los anteriores (por ejemplo la gravedad de Newton) nos acercan más a la verdad. Mucha gente cita a Karl Popper o a Thomas Kuhn diciendo que “no hay verdad absoluta”. Es probable que haya una verdad absoluta, y que la Ciencia la pueda conocer. Es una verdad que la mesa sobre la que tengo el portátil es de madera. Es verdad que el sol es más caliente que la Tierra. Es verdad que el ADN es de doble hélice. Es verdad que algunos microorganismos causan enfermedades. Es verdad que si retrocedemos en el tiempo buscando los antecesores de un ser humano, un chimpancé o un pulpo, tendremos antepasados comunes. Como bien dice Dawkins, “para un pedante eso también serán hipótesis que podrían ser refutadas mañana”, pero no lo serán, por la gran, por la abominable cantidad de evidencias que las confirman. Otras teorías con menos evidencias, por ejemplo la inexistencia de humanos en el jurásico, algunos aspectos de la relatividad de Einstein, la teoría de algunas enfermedades como el Parkinson, etc. pueden cambiar para aproximarse a la verdad. El conspicuo Bertrand Russell ponía un ejemplo muy claro (Russell 1988):

“Cuando ocurre un cambio en la ciencia, como, por ejemplo, se pasa de la ley de la gravitación de Newton a la de Einstein, lo que se hace no es arrojar lo anterior, sino reemplazarlo por algo ligeramente más exacto.

Supongamos que os medís con un aparato grosero y averiguáis que tenéis seis pies de altura; no supondréis, si sois prudente, que vuestra altura sea exactamente de seis pies, sino más bien que puede estar comprendida entre cinco pies 11 pulgadas y seis pies una pulgada; y si una medida muy cuidadosa demuestra que vuestra altura es (dentro de una décima de pulgada) cinco pies 119/10 pulgadas, no pensaréis que esto ha echado abajo el primer resultado. Esto es que su estatura era de unos seis pies, y esto sigue siendo verdad. El caso de los cambios en la ciencia es precisamente análogo.”
La verdad existe, y la ciencia puede conocerla. Especialmente en las ciencias formales, aunque en las naturales también. En este caso, como bien explicaba Russell mediante aproximaciones cada vez mejores. En otro libro (Russell 1995) nos explica por qué es racional aceptar las aproximaciones de la ciencia:

“No dudo que, aunque haya que esperar cambios progresivos en la física, las doctrinas actuales probablemente están más cerca de la verdad que cualquier otra teoría rival formulada. La ciencia no acierta nunca del todo, pero raras veces está totalmente equivocada y, en general, tiene más posibilidades de acertar que las teorías no científicas. Por consiguiente, es racional aceptarla a título provisional.”
Los relativistas culturales son aquellos que afirman que la ciencia no puede conocer la verdad, que creer en una teoría científica es meramente eso, creencia. La fe en la ciencia dicen. Richard Dawkins (Dawkins 2000a) les responde:

“Una respuesta mínima a los relativistas culturales es que la ciencia obtiene resultados. Mostradme a un relativista cultural a 90.000 metros de altura y os mostraré un hipócrita… Si estáis volando a un congreso internacional de antropólogos o críticos literarios, la razón por la cual probablemente lleguéis a destino –la causa de que no os desploméis sobre un campo recién arado- es que un gran número de ingenieros occidentales científicamente entrenados han hecho bien sus cuentas.” 
Pero, hagamos un esfuerzo. Nos ponemos en el lugar de un relativista cultural y afirmamos que no existe una verdad absoluta y, por tanto, que la ciencia no puede conocerla. Lo imagino, pero inmediatamente me surge una duda: ¿Si acaso la verdad científica no existiese, no se debería extender a otras verdades más comunes? No alcanzo a entender por qué los que afirman que la verdad científica no existe, cuando se les pregunta si han asesinado a alguien responden absolutamente no. Si a uno de estos filósofos relativistas se les pregunta en un juicio, por ejemplo: “¿Es verdad que estuvieron en Madrid la noche del asesinato?” No creo que respondan así: “¿Qué quiere decir usted con verdad? La hipótesis de que estuve en Madrid no ha sido refutada hasta el momento. Pero sólo es una cuestión de tiempo que constatemos que se trata de una mera aproximación.” Absurdo.

Por lo tanto, la ciencia nos enseña a dudar. Como decía Carl Sagan, “la primera virtud de la humanidad fue la duda, el primer defecto la fe”. Con la ciencia aprendemos a no dar por verdad aquello que no tiene suficientes evidencias (no me refiero a observables, sino también a matemáticas). Puede que una teoría científica no tenga suficientes evidencias y acabe por reemplazarse, pero eso sólo supondrá un paso más a la verdad.

BIBLIOGRAFÍA:
DAWKINS, RICHARD, (2000a). El río del edén. Debate. Madrid.
-. (2000b) ¿Qué es verdad? Publicado en Forbes ASAP. 2 de octubre de 2000.
-. (2005). El capellán del Diablo. Gedisa Editorial. Barcelona.
KUHN, THOMAS. La estructura de las revoluciones científicas.
POPPER, KARL, (1980). La lógica de la investigación científica.
RUSSELL, BERTRAND. (1988). El panorama de la ciencia. Editorial Tecnos.
RUSSELL, BERTRAND. (1995). My Philosophical Development. Pág. 13.
SOKAL, ALAN y BRICMONT, JEAN. (1999). Imposturas intelectuales. Ediciones Paidós. Barcelona.