22 de septiembre de 2011

Irlanda, iglesia y tipos de abusos

La grave crisis económica no es la única que sufre este, a mi parecer, hermoso país. Utilizando la acepción de cambio importante que genera incertidumbre, Irlanda sufre otra crisis. Sufre una profunda transformación, tan rápida como revolucionaria: se trata de revisar su relación con la Iglesia Católica Romana, una institución que se ha involucrado en casi todos los aspectos de la vida de este país por generaciones.


En Irlanda, donde el aborto está prohibido por la ley, donde el divorcio fue legalizado en 1995, donde la iglesia controla la educación de los niños porque suyas son el 90 por ciento de las escuelas primarias y donde el 87 por ciento de la población se identifica como católica, y donde el Vaticano antiguamente solía imponer temor, respeto y miedo entre la población; algo está cambiando. Esos sentimientos se han tornado en ira, asco y desafío. Un desafío especialmente importante porque estamos hablando de revelaciones horrendas sobre los largos años de abusos sexuales a menores que habían sido confiados a la Iglesia por un pueblo que se fiaba de la curia.

Hay que ser justos, la mayor parte de los sacerdotes no cometen abusos físicos. Pero no estamos hablando exclusivamente de abusos físicos, por deplorables que sean. El abuso infantil puede ser, y de hecho es, mental, cuyas secuelas también duran toda una vida. Y eso sí lo cometen todos los sacerdotes, es su trabajo. El abuso psicológico también está mal, aunque no sea un delito. Educar, mejor dicho, adoctrinar niños en una religión, la que sea, es abuso infantil. Por qué no esperar a que el niño sea lo suficiente inteligente para decidir si quiere formar parte de una religión. En cambio, se obliga a los niños a creer cosas cuando no tienen suficiente madurez para distinguir entre lo real y comprobado, y lo meramente creído o imaginario. Precisamente en esto está la raíz, pienso yo, de por qué muchos casos de este tipo no salen a la luz. Los sacerdotes que cometieron los horrorosos actos, abusaban de la confianza de los niños en una figura de autoridad, la del cura, a quien el niño ha sido entrenado desde la cuna a venerar. Lo que sigue (Dawkins 2010) es un fragmento de una carta escrita por una mujer que sufrió en su infancia abusos y adoctrinamiento:

Haber sido manoseada sexualmente por un sacerdote simplemente dejó la impresión (en la mente de una niña de siete años) de “asco” mientras que el recuerdo de mi amiga fallecida yendo al infierno fue de un frío e inmedible miedo. Yo nunca perdí el sueño por lo del sacerdote—pero pasé muchas noches aterrorizada porque las personas que yo amaba irían al Infierno. Me provocaba pesadillas.

Volviendo al principio, aunque los abusos de sacerdotes a niños no son únicos de Irlanda, han sacudido otros muchos países, y cada vez salen a la luz más terribles experiencias; nunca, en ningún otro país se ha manchado tanto la imagen de la Iglesia Católica. Por eso, cuando el normalmente cordial primer ministro, Enda Kenny, de forma inesperada criticó en el Parlamento irlandés a la iglesia, no estaba expresando sus propios sentimientos reprimidos, sino los de una nación.

BIBLIOGRAFÍA:
- Dawkins, Richard (2010). El espejismo de Dios. Espasa-Calpe. 3ª ed.
- Hitchens, Christopher (2008). Dios no es bueno. Random House Mondadori. Barcelona. 1ª ed.
- Llyall, Sarah (2011) Rupture With Vatican Reveals a Changed Ireland en The New York Times.
- Savater, Fernando. Mira por dónde. (Capítulo 19: Adiós a Dios)

ENLACES:
http://richarddawkins.net/articles/643150-rupture-with-vatican-reveals-a-changed-ireland
http://www.nytimes.com/2011/09/18/world/europe/ireland-recalibrates-ties-to-roman-catholic-church.html?_r=2

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