25 de agosto de 2011

Radicalidad evangélica

Las Jornadas Mundiales de la Juventud que se celebraron en Madrid son una fuente de artículos para un blog ateo. Ya hablé de lo mal que me parece la oferta de confesión que lanzó Rouco Varela y de los argumentos Ad Populum y Ad Numerum. Pues bien, ahora mi fuente de inspiración es el propio papa.

Hace unos días, durante su visita a Madrid, el papa se desplazó hasta San Lorenzo del Escorial, (por cierto un lugar que visité recientemente y me pareció precioso) para tener un encuentro con monjas. Sus declaraciones no tienen desperdicio:

“En la sociedad actual hay un eclipse de Dios, una cierta amnesia y un verdadero rechazo del cristianismo. Frente al relativismo y a la mediocridad, radicalidad evangélica.”



En serio. Lo ha dicho el papa. Cuando me enteré lo estaba viendo por la televisión, y si no fuera porque vi y escuché al propio papa no lo creería. Pensaría que era una exageración pero no, en serio, lo dijo. “Radicalidad evangélica”. ¿A qué se refería con eso de radicalidad? El individuo (por cierto voluntario de las JMJ) que intentó poner una bomba en la manifestación laica de hace unos días en Madrid… ¿era lo bastante radical para el papa? El terrorista de Oslo… ¿fue lo bastante radical para el papa? La durísima y sangrienta evangelización de América… ¿fue lo bastante radical para el papa? La santísima y evangelizadora inquisición… ¿era lo suficiente radical? Radicalidad evangélica. En serio, lo dijo.

Pero ahí no acaba la cosa. Después de ese encuentro con las monjas, se reunió en el mismo lugar con profesores universitarios (de universidades católicas) y dijo otra perla: “Cuidado con los abusos de una ciencia sin límite”.

La evangelización no tiene límites, cuanto más radical mejor. En cambio la ciencia al revés: cuantos más límites mejor. Será porque si no le paramos los pies a la ciencia algún científico chalado puede intentar asesinar en nombre de la ciencia a cientos de personas. Será por eso. Como no aclaró a que se refería, sólo puedo especular. Puede que por la experimentación con células madre. ¿Habrá que poner límites a esta experimentación? ¡Dígaselo a los padres de niños con gravísimas enfermedades cuya única posible cura es la terapia con células madre! Como no se a qué se refería Benedicto XVI con límites, tendré que seguir especulando. ¿Se referirá a poner límites a la fecundación in Vitro? Espero que no. Igual es porque Benedicto XVI no tiene la posibilidad de que su hijo tenga Huntington. El Huntington es una enfermedad neurodegenerativa que causa la muerte cerca del ecuador de la vida. Inexorablemente, los pacientes saben que se van a morir. Lo peor es que es una enfermedad genética dominante, es decir, si uno de los progenitores la tiene, el hijo tiene exactamente el 50% de posibilidades de padecerla. Los médicos, durante la fecundación in Vitro desechan los embriones que heredaron el gen e implantan en la madre los que no lo tienen. ¿Habría que poner aquí un límite en la ciencia? ¡Por el amor de Dios, son células humanas!

La radicalidad evangélica no mata células. Ahí si que se matan, mataron y matarán personas, que sienten y padecen. ¿Dónde pondremos el límite entonces, Benedicto?

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