13 de julio de 2011

Por el Amor de Dios

Imagínate que una persona te dice esto:

Hola, mi nombre es Fulanito. Te amo profundamente. Te he amado desde antes de que nacieras y te amaré para siempre, incluso cuando hayas muerto. De hecho te amo tanto que he muerto por ti de una manera horripilante tras sufrir monstruosos suplicios. Por eso mi deseo es tener una relación de amor personal contigo. Cualquier cosa que me pidas intentaré cumplirla, si me lo pides sinceramente y como yo te digo. Pero si no te bajas, te arrodillas y me adoras, y si no comes mi cuerpo y bebes mi sangre, si ignoras mis normas por irracionales, ilógicas y absurdas que pueda parecer, simplemente por el hecho de ser mis normas te voy a incinerar y torturar con inimaginable dolor en los fuegos del infierno por toda la eternidad, una y otra vez, sin perdonarte, por los siglos de los siglos.

Experimentemos. Cambia el nombre de Fulanito por el de Jesús, Yahvé, Alá, Zeus o demás.

Como seguramente hayas podido observar, ese es el mensaje central del Cristianismo. Y no lo digo yo, está escrito en la Biblia en Juan 6:53-54 y Marcos 16:16, y en otros muchos lugares de ese monstruoso libro. Tenemos a un ser, Dios, que da su visión del amor. Esta visión se basa en que “te amo sin condiciones”. Bueno con las insignificantes condiciones de arrodillarse y adorarlo, de hacer caso de todo cuanto dice por el mero hecho de ser él el que lo dice, bajo amenaza torturas por toda la eternidad. Pero ¿Qué puñetas de amor es ese?

Imagínate que a mi novia, con la que lógicamente tengo una relación de amor personal, le impongo, a cambio de quererla, 10 normas a las que yo llamaría mandamientos y, para asegurarse de que las cumple, la amenazo, no con la muerte, sino con insufribles torturas, con dolor, con quemaduras, con llantos, con despellejarle la piel viva. ¿Acaso la sociedad no se me echaría encima cuando se conociese la historia?, ¿Acaso no acabaría yo en la cárcel?, ¿Acaso no es esto en esencia lo que dicen las religiones como el Cristianismo?, ¿Por qué la sociedad no se hecha encima de las religiones?


Para mí el amor es querer a alguien por como es, con sus virtudes y sus defectos, y por supuesto sin imponerle modos de comportamiento, especialmente si estos son absurdos e ilógicos, o incluso médicamente perjudiciales, como prohibir a ese alguien el uso del condón. Y por supuesto querer a alguien no es obligarle a adorarte, aún en el supuesto de que eso redundase en su bien.

Puede que esto les resulte raro a los férreos defensores de la religión, pero si esa persona a la que quiero no comparte mi opinión, no voy a quemarla en la hoguera, a lapidarla, a decapitarla, a crucificarla, a ponerle una bomba o a estrellar un avión contra ella. El amor de las religiones, de todas, es perjudicial y dañino.

Esto me recuerda a una gran reflexión de George Carlin:
La religión ha realmente convencido a la gente de que existe un hombre invisible —que está viviendo en el cielo— y que vigila todo lo que nosotros hacemos; cada minuto de cada día. Y el hombre invisible tiene una lista especial de diez cosas que él quiere que usted haga. Y si usted no hace ninguna de esas diez cosas; él tiene un lugar especial, lleno de fuego, de humo, de torturas y angustia, adónde él lo enviará a usted a vivir, sufrir, quemarse, sofocarse, gritar y llorar por siempre hasta el final de los tiempos... ¡Pero él lo ama a usted!