Gatear

La mayoría de los niños pasan de vivir entre los brazos (o como diríamos en Galicia: en colo) de sus padres a gatear, para después erguirse y comenzar a caminar.
Cuando sacamos a nuestras crías de la cuna comienzan a explorar su entorno. Avanzan con una portentosa velocidad deslizándose por cada rincón de la casa. Gatear proporciona a los bebés una mayor coordinación óculo-manual y parece mejorar su desarrollo neuromuscular.

Muchos niños pueden llegar a andar sin pasar por la fase previa del gateo. Según diversos estudios gatear es una adaptación evolutiva reciente. Según parece, tribus de los Au en Papúa Nueva Guinea y otras tribus en Paraguay, Indonesia y Mali no permiten que sus bebés gateen. Tampoco lo hacen los animales más emparentados con nosotros como los chimpancés y los gorilas. Y parece que nuestros ancestros homínidos tempranos transportaran a sus hijos en brazos en lugar de dejarlos gatear.

La explicación más plausible al reciente invento del gateo son los avances en las condiciones de higiene y control de enfermedades, y a la desaparición de depredadores en los hogares.

Hoy, en nuestro entorno social si es bueno que los bebés gateen, porque diversos estudios muestran mejoras neuromusculares y de coordinación, en los bebés que lo hacen. Además, al dejarles libres por casa enfatizamos su, ya de por si, amplia curiosidad, y quién sabe, pueden llegar a grandes científicos. En palabras de Carl Sagan: “Los niños listos que tienen curiosidad son un recurso nacional y mundial. Se los debe cuidar, mimar y animar.”

BIBLIOGRAFÍA:
  • Sagan, Carl. El mundo y sus demonios. Editorial Planeta, 2ª Ed. 2006
  • Wong, Kate. ¿Es necesario gatear? Investigación y Ciencia (Scientific American). Agosto de 2007.