Ideas descabelladas, por Richard Feynman

Este post es un fragmento del libro ¿Está ud. de broma, Sr. Feynman? del gran físico Richard Feynman (Ver bibliografía al final).



Durante la Edad Media se creía en toda clase de ideas descabelladas, como, por ejemplo, que un trozo de cuerno de rinoceronte tenía el poder de aumentar la potencia sexual. Se descubrió poco después un método para separar las ideas buenas de las malas, que consistía en mirar si funcionaban, y a las que no funcionasen, eliminarlas. Evidentemente, este método acabó convertido en ciencia organizada. Se desarrolló muy bien, y por eso nos encontramos hoy en la era científica. Tan científica es hoy nuestra época, que nos cuesta trabajo comprender cómo pudieron llegar a existir brujos, dado que nada -o muy poco- de lo que ellos proponían podía funcionar de verdad.

Pero incluso hoy me tropiezo con un montón de gente que más pronto o más tarde acaba por llevar la conversación hacia los OVNI, la astrología, o alguna forma de misticismo, o de ampliación del estado de conciencia, o de la percepción extrasensorial, y así a menudo. Y he tenido que llegar a la conclusión de que no estamos en un mundo científico.

Tanta es la gente que cree en cosas maravillosas o sobrenaturales, que me propuse averiguar por qué. Y eso que se ha llamado “mi curiosidad por la investigación” me ha puesto en un brete, porque es tanta la basura, que me siento desbordado y exasperado. Empecé por investigar distintas nociones de misticismo y de experiencia mística. Me he metido largas horas en tanques de aislamiento y he estado mucho tiempo en estado de alucinación, de modo que algo sé sobre el particular. Fui después a Esalen, donde parece estar la cuna de esta clase de pensamiento (el lugar es maravilloso; vale la pena visitarlo). Y allí me vi superado. No me había dado cuenta de hasta dónde llegaban las cosas.

Hay en Esalen unos grandes baños, alimentados por fuentes termales, que manan de una vena situada a unos diez metros por encima del océano. Una de mis experiencias más gratas ha sido la de sentarme en uno de esos baños y contemplar las olas estrellarse contra las rocas del litoral a mis pies, dejar que la mirada se pierda en el claro azul, o estudiar una beldad desnuda que tranquilamente aparece y se instala en el baño conmigo.

En una ocasión tomé asiento en un baño donde estaban sentados ya una joven preciosa y un hombre que no parecía conocerla. Inmediatamente empiezo a pensar: “¡Caramba! ¿Cómo me las voy a apañar para entablar conversación con esta nenita tan mona y tan desnudita?”

Y mientras pienso qué le puedo decir, el tío sentado a su lado le dice: ¡Yo… uh… estudio masaje! ¿Me permitirías practicar contigo?” “¡Claro!”, contesta ella. Salen del baño, y ella se echa en decúbito supino sobre una mesa de masaje que había cerca.

Yo pienso para mis adentros: “¡Vaya entrada más original y más fina! A mí nunca se me hubiera ocurrido nada por el estilo.” El tipo empieza a masajearle el dedo gordo del pie. “Me parece que lo siento -le dice a ella-. Siento una especie de hendidura, ¿es eso la pituitaria?”

Y yo le espeto: “¡Estás a un par de kilómetros de la pituitaria, tío!”

Ambos me miran, horrorizados -acabo de hacer trizas mi excusa para estar allí- y añado: “¡Es reflexología!” Rápidamente cerré los ojos y fingí estar meditando.

El ejemplo que acabo de ponerles no es más que un botón de muestra del tipo de cosas que me exasperan. Eché también un vistazo a la percepción extrasensorial y a los fenómenos Psi. El último grito sobre el asunto era Uri Geller, un hombre a quien se supone capaz de doblar llaves frotándolas con el dedo. Así que a invitación suya fui a visitarle a la habitación de su hotel, para presenciar una exhibición de lectura del pensamiento y ver cómo doblaba las llaves. Geller no consiguió leerme el pensamiento; me imagino que nadie es capaz de leerme el pensamiento. Y mi chico sostuvo una llave mientras Geller la frotaba, sin que ocurriera nada. Entonces nos dijo que las cosas salían mejor debajo del agua; así que imaginaos a nuestro pequeño grupo en el cuarto de baño, con el agua manando del grifo sobre la llave mientras él la frotaba. Tampoco ocurrió nada. No pude pues investigar ese fenómeno.

Pero entonces empecé a considerar, ¿en qué otras cosas estamos creyendo? (Y pensé entonces en los brujos y en lo fácil que hubiera sido desenmascararlos sin más que irse fijando en que ninguno de sus remedios funcionaba de verdad.) Descubrí de este modo cosas en las que todavía cree más gente, como por ejemplo, que tenemos conocimientos sobre el problema de cómo enseñar y educar. Hay grandes escuelas pedagógicas que propugnan determinados métodos de enseñanza de la lectura, o de enseñanza de las matemáticas, y así sucesivamente; pero si uno se fija, observará que las calificaciones de nuestros escolares en lectura siguen disminuyendo -o al menos, no aumentando- a pesar de estar continuamente recurriendo a estas mismas personas para mejorar los métodos. He aquí un remedio de brujo que no funciona. Debería ser examinado a fondo. ¿En qué se fundan para saber que sus métodos deberían funcionar? Otro caso similar es el de cómo tratar a los delincuentes. Es obvio que el método que estamos aplicando no ha conseguido reducir la delincuencia. Teoría hay mucha; progresos, ninguno.

Y no obstante, se dice que tales cosas son científicas. Y las estudiamos. Yo tengo la impresión de que la gente ordinaria, la gente que tiene sentido común, se  siente intimidada por esta pseudociencia. Un maestro o maestra que tenga una buena idea para enseñar a leer a los niños de su clase puede verse en la obligación de hacer las cosas de otro modo a causa del sistema educativo, e incluso puede llevarle indebidamente a la conclusión de que su método no puede ser bueno. Los padres de chicos malos, que se han esforzado de uno y otro modo por corregirlos, pueden acabar sintiéndose culpables el resto de su vida porque lo que hicieron no era lo que según los expertos, deberían haber hecho. Tendríamos por tanto que examinar a fondo las teorías que no funcionan y distinguir la ciencia de lo que no lo es.

Me parece que los estudios psicológicos y pedagógicos que he mencionado sirven de ejemplos de lo que quisiera llamar “cargociencia”. Permítanme que les explique. Hay en los Mares del Sur gentes que adoran a los aviones de carga. Durante la guerra mundial vieron cómo los aviones de transporte aterrizaban en sus islas, cargados de magníficos materiales, y quieren que ahora ocurra otro tanto. Y han preparado pistas de aterrizaje con hogueras señalizadoras a los lados; han construido cabañas de madera que remedan la torre de control, en la que se sienta un hombre -el controlador de vuelo- con unas piezas de madera en la cabeza -los auriculares- y de la que sobresalen largas varas de bambú -las antenas- con la esperanza de atraer otra vez a los aeroplanos. Se están esmerando. La forma es perfecta. Todo tiene el mismo aspecto que tenía antes. Pero no funciona. Los aviones no aterrizan. Por eso he Ilamado “cargociencia” a aquellas cosas: aunque parecen obedecer a todos los preceptos formales de una investigación, están dejando de lado algo sumamente esencial. Porque los aviones no aterrizan.

Ahora, como es obvio, me correspondería diagnosticar lo que falla y decírselo a ustedes. Pero eso me sería tan difícil como explicarles a aquellos polinesios cómo han de organizar las cosas para que su sistema reciba riqueza del exterior. No se trata de cosas sencillas, como la de perfeccionar la forma de sus auriculares. Ahora bien, sí hay un rasgo peculiar de la ciencia cuya ausencia observo por lo general en la cargociencia. Se trata de una idea que todos confiamos hayan adquirido al estudiar ciencias en la escuela. Nunca se dice explícitamente en qué consiste; esperamos más bien que ustedes la capten merced a todos los ejemplos de investigación científica. Así pues, puede ser interesante sacarla a colación aquí y hablar explícitamente de ella. Es una especie de integridad científica, un principio de pensamiento científico que equivale a una especie de probidad a ultranza, algo así como querer refutar lo hecho. Por ejemplo, si estamos realizando un experimento, deberíamos dar cuenta no sólo de lo que nos parece que tiene de correcto, sino de todos los aspectos que a nuestro juicio podrían invalidarlo: otras causas que podrían explicar los resultados obtenidos; cosas que uno piensa han quedado descartadas por otros experimentos, y cómo funcionaron éstos; todo lo que garantice que los demás pueden saber qué es lo que se ha descartado.

Si uno los conoce, deben darse los detalles que pudieran hacer dudar de la interpretación propia. Se debe hacer el máximo esfuerzo para explicar lo que no encaja, o pudiera no encajar. Por ejemplo, si uno elabora una teoría y la da a conocer, o la publica, se deben dar a conocer los hechos relevantes que discrepan de ella, y no sólo los que converjan. Existe además un problema más sutil.Cuando uno ha reunido y ensamblado un montón de ideas y confeccionado con ellas una teoría, al explicar qué cosas encajan en ella es necesario asegurarse de que las cosas que encajan no sean meramente aquellas que nos dieron la idea para la teoría; hace falta además que la teoría recién acuñada haga salir a la luz cosas nuevas.

En resumen, la idea consiste en esforzarse en dar la totalidad de la información para que los demás puedan juzgar con facilidad el valor de la aportación, y no en dar solamente información que oriente el juicio en una u otra dirección.

La forma más sencilla de explicar esta idea puede ser echar mano de la publicidad comercial. La noche pasada oí un anuncio que afirmaba que el aceite Wesson no empapa los alimentos. Bueno, eso es cierto.

No es una afirmación deshonesta; pero no basta esa forma de honestidad. No, la cuestión es una cuestión de integridad científica, algo que está muy a otro nivel. El hecho que habría que haber añadido es que ningún aceite se embebe en los alimentos si se opera a cierta temperatura. En cambio, si se opera a otra, todos se embeben, incluido el aceite Wesson. Así pues, la información que el anuncio comunica no es el hecho, sino una consecuencia intencionada, aunque cierta. Y es de la diferencia entre unos y otros de lo que hemos de tratar.

Hemos aprendido por experiencia que la verdad acaba por salir a la luz. Otros experimentadores repetirán los experimentos y averiguarán si estábamos en lo cierto o no. Los fenómenos naturales serán concordantes o serán discordantes con nuestras teorías. Y aunque uno pueda alcanzar temporalmente cierta fama, no se llega a adquirir una buena reputación de científico si no se esfuerza uno en ser muy cuidadoso en este tipo de trabajo. Y es este tipo de integridad, este tipo de cuidado en no engañarse a sí mismo, lo que se echa muy en falta en muchas de las investigaciones de la cargociencia.

Gran parte de las dificultades con que tropiezan residen, desde luego, en la dificultad de la materia que estudian, y en la imposibilidad de aplicar en ellas el método científico. Sin embargo, vale la pena destacar que no es ésta la única dificultad. La dificultad estriba en por qué no aterrizan los aviones. Porque no aterrizan.

Por experiencia, hemos aprendido muchísimo acerca de cómo ir eliminando algunas de las formas que tenemos de engañarnos a nosotros mismos. Veamos un ejemplo. Millikan midió la carga del electrón mediante un experimento de caída de gotitas de aceite y obtuvo un valor que hoy sabemos no era totalmente correcto. Se aparta un poquito del verdadero, porque el valor de la viscosidad del aire era incorrecto. Resulta interesante examinar la historia de las mediciones de la carga del electrón posteriores a la de Millikan. Si uno va representándolas gráficamente en función del tiempo, se observa que cada una es algo mayor que la de Millikan, y la siguiente, un poquito mayor que ésta, y la siguiente, un poquito mayor todavía, hasta que finalmente se estabilizan en un valor más alto que el primitivo.

¿Por qué no se descubrió inmediatamente que el valor correcto era superior al de Millikan? Es una cuestión que avergüenza a los científicos -hablo de la historia ésta – porque salta a la vista que la gente hizo cosas como las que voy a explicar: cuando obtenían un valor que estaba demasiado por encima del de Millikan, pensaban que habían cometido algún error, y buscaban hasta dar con algo que les parecía que pudiera estar mal. En cambio, cuando obtenían un valor más cercano al de Millikan, no examinaban los resultados con tanta minuciosidad. De este modo fueron eliminando los valores que se desviaban demasiado y otras cosas por el estilo. Hoy ya nos sabemos estos trucos y no padecemos ese tipo de enfermedad.

Pero esta larga historia de aprender a no engañarnos a nosotros mismos -de integridad científica a ultranza- es algo que, siento decirlo, no hemos incluido específicamente en ningún curso concreto del que yo tenga noticia. Nos limitamos a confiar en que sea adquirida por ósmosis.

El primer principio es que uno no debe engañarse a sí mismo -y uno mismo es la persona más fácil de engañar. Es preciso, pues, tener en esto el máximo cuidado. Una vez que uno no se ha engañado a sí mismo, no engañar a los demás científicos es una cosa fácil. A partir de ahí basta ser honesto de la forma convencional.

Quisiera añadir algo que no es esencial para la ciencia, pero de lo que yo sí estoy convencido, y es que no se debe engañar a los legos cuando uno habla como científico. No estoy tratando de decirles si deben o no engañar a sus esposas, o dársela con queso a sus amigas, ni pretendo decirles nada de lo que han de hacer cuando en lugar de actuar como científicos hayan de actuar como seres humanos corrientes. Dejaré esos problemas para ustedes y sus rabinos. De lo que estoy hablando es de un tipo específico de integridad, una integridad de tipo extra, que no consiste en no mentir, sino en mostrar en qué puede uno estar equivocado, que es la actitud que como científico uno debería tener. Y esta es nuestra responsabilidad como científicos, responsabilidad que sin duda alguna tenemos para con los otros científicos, y me parece a mí que también, como científicos, con los legos en nuestra materia. Por ejemplo, quedé un poco sorprendido al conversar con un amigo que iba a hablar por la radio. Esta persona trabaja en astronomía y cosmología, y se estaba preguntando cómo podría explicar cuáles eran las aplicaciones prácticas de su trabajo. “Bueno –le dije–, no hay ninguna. El me dijo: “Sí, pero entonces no nos darán fondos para más investigaciones de esta clase.” Considero que eso es una especie de falta de honradez. Si uno está actuando como científico, debe explicarle a los legos lo que uno está haciendo, y si vistas las circunstancias éstos no quieren seguir apoyándole a uno en su trabajo, es decisión que les compete a ellos.

Un ejemplo del principio es éste: si uno está decidido a verificar una teoría, o si se desea explicar una cierta idea, en todos los casos debería publicarla, sea cual fuera la forma en que resulte. Si solamente publicamos resultados de un cierto tipo, podemos hacer que los argumentos suenen bien. No, es preciso publicar ambos tipos de resultados.

Mantengo que esta actitud es sumamente importante en ciertos tipos de asesoramiento del gobierno. Imaginemos que un senador nos pidiera consejo sobre si debe o no perforarse un agujero en este estado, y uno llegase a la conclusión de que sería mejor hacerlo en otro. Si tal resultado no se publicase, no me parecería que estuviésemos dando asesoramiento científico. Estaríamos siendo utilizados. Si nuestra respuesta va en la dirección que le gusta al gobierno o a los políticos, la utilizarán como argumento en su favor; si resulta ir en sentido contrario, no serán ellos quienes le den publicidad. Eso no es dar asesoramiento científico.

Hay otros tipos de errores que son más característicos del trabajo científico chapucero. Cuando estaba en Cornell hablaba mucho con la gente del departamento de psicología. Una de las estudiantes me dijo que quería hacer un experimento que era más o menos así: otros habían descubierto que en ciertas circunstancias, X, las ratas hacían algo, A. Ella quería averiguar si al cambiar las circunstancias a Y, las ratas seguirían haciendo A. Así pues, ella proponía realizar el experimento en las circunstancias Y, y ver si las ratas seguían haciendo A. Le expliqué que primero era necesario repetir en su laboratorio el experimento del otro investigador, es decir, hacerlo en las circunstancias X, para ver si nuevamente obtenía el resultado A, y después cambiarlas a Y, y ver si A cambiaba. De este modo ella podría saber que la diferencia autentica sería el elemento que ella creía tener bajo control.

A la chica le encantó la idea, y fue a ver a su profesor. Y su profesor le dijo que no; no puedes hacer eso, porque eso lo habían hecho ya y sería perder el tiempo. Esta anécdota ocurría allá por 1947 y parece que por entonces era política general no tratar de repetir experimentos psicológicos, sino solamente cambiar las condiciones y ver qué sucedía.

En nuestros días existe no poco riesgo de que ocurra lo mismo, incluso en el famoso campo de la física. Quedé horrorizado al saber de un determinado experimento realizado en el gran acelerador del National Accelerator Laboratory (NAL), en el que una persona utilizó deuterio. Para poder comparar sus resultados, realizados con hidrógeno pesado, con los que se podrían obtener al manejar hidrógeno ligero tuvo que utilizar los datos de un experimento realizado por otra persona con hidrógeno ligero y con un aparato distinto. Al preguntársele por qué, explicó que no pudo lograr que se le concediese tiempo en el programa de uso del aparato para repetir el experimento con hidrógeno ligero (porque el tiempo disponible era muy escaso y el aparato enormemente caro) ya que era de esperar que de él no saliera ningún resultado nuevo. Resulta así que los encargados de los programas de trabajo en el NAL están tan ansiosos de obtener nuevos resultados, al objeto de lograr fondos para seguir haciendo funcionar la cosa con fines de relaciones públicas, que están destruyendo –posiblemente– el valor de los propios experimentos, que son la verdadera finalidad de todo aquello. Con mucha frecuencia, a los experimentadores de allí les resulta difícil llevar a cabo su trabajo en concordancia con lo que su integridad científica exige.

No todos los experimentos de psicología son de este tipo, sin embargo. Por ejemplo, se han efectuado con ratas muchos experimentos de recorrido de laberintos y cosas por el estilo que no han arrojado resultados claros. Pero en 1937, un investigador llamado Young llevó a cabo un experimento muy interesante. Había montado un largo pasillo con una serie de puertas a ambos lados; las ratas salían por una de las puertas de un lado y la comida estaba detrás de una de las puertas del otro. Young quería ver si era capaz de entrenar a las ratas a que entraran en la tercera puerta contando desde el fondo, cualquiera que fuera la puerta desde la que las soltara. No. Las ratas se dirigían inmediatamente a la puerta donde había estado la comida la vez anterior.

La cuestión era cómo podían saber las ratas dónde estuvo antes la comida, porque el corredor había sido construido con toda pulcritud, y era perfectamente uniforme, así que ¿cómo reconocían que una puerta era la misma de antes? Evidentemente, la puerta tenía algo de especial que la diferenciaba de las demás. Para empezar pintó las puertas muy cuidadosamente, asegurándose de que las texturas de la cara externa de las puertas fueran exactamente igual en todas. Sin embargo, las ratas seguían distinguiéndolas. Entonces pensó que tal vez las ratas olfatearan el olor de la comida, por lo que utilizó productos químicos para cambiar el olor después de cada carrera. Las ratas aún sabían reconocer la puerta. Entonces se le ocurrió que quizá las ratas pudieran distinguirla fijándose en las luces y la disposición del laboratorio, lo mismo que haría una persona con sentido común. Pero aunque cubrió el corredor, las ratas seguían siendo capaces de diferenciar las puertas.

Finalmente pensó que las ratas podían averiguar qué puerta era por el sonido del piso al correr sobre él. La única forma de poder evitarlo fue cubrir el corredor de arena. De esta forma, Young fue eliminado una tras otra todas las posibles pistas y pudo por fin engañar a las ratas y hacerlas entrar por la tercera puerta. En cuanto relajaba algunas de las condiciones, las ratas eran capaces de distinguir unas puertas de otras.

Ahora bien, desde el punto de vista científico, este experimento merece una calificación de sobresaliente cum laude. Es precisamente el experimento que sirve de fundamento a todos los experimentos de ratas en laberintos, porque saca a la luz de qué indicios se vale realmente la rata, no los que uno piensa que podría estar utilizando. Y es el experimento que dice exactamente qué condiciones es preciso utilizar para poder ser lo suficientemente cuidadoso y poder controlar todo en los experimentos de esa naturaleza.

Estuve consultando los desarrollos ulteriores de este experimento. Ni el siguiente experimento ni el siguiente mencionaron para nada a Young. No tuvieron en cuenta ninguno de sus criterios, ni montaron el corredor en arena, ni fueron muy cuidadosos. Se dedicaron a hacer correr las ratas a la manera de siempre, sin prestar la menor atención a los grandes descubrimientos de Young. Tampoco se hace mención de sus artículos, porque no descubrió nada sobre las ratas. En realidad, Young descubrió todo cuanto había que descubrir sobre las ratas. Ahora bien, una de las características de la ‘cargociencia’ es la de no prestar atención a experimentos como éste.

Tenemos otro ejemplo de los experimentos de percepción extrasensorial (PES) realizados por Rhine y por otras personas. Conforme han ido criticándolos diversas personas -y ellos mismos habían hecho críticas de sus propios experimentos- han ido mejorando las técnicas, con lo que los efectos van haciéndose gradualmente menores, y más pequeños, y más pequeños, hasta que al final desaparecen. Todos los parapsicólogos están buscando un experimento que sea reproducible, es decir, que al volver a disponer una determinada situación se vuelva a presentar el mismo efecto, incluso aunque no sea más que estadísticamente reproductible. Echan a correr un millón de ratas –perdón, ahora se trata de personas-, hacen un montón de cosas y obtienen un efecto estadístico. La siguiente vez que vuelven a probar, ya no lo obtienen. Y ahora nos encontramos con un hombre que dice que la reproductibilidad del experimento es irrelevante. ¿Esto es ciencia?

Este mismo hombre habló también de una nueva institución, durante una conferencia en la que presentó su dimisión como director del Instituto de Parapsicología. Y al explicar al auditorio qué había que hacer a continuación, va y dice que una de las cosas precisas era estar seguro de preparar solamente a estudiantes que hubieran demostrado su capacidad para lograr resultados PSI en medida aceptable, y no malgastar tiempo con estudiantes ambiciosos e interesados que solamente logran resultados aleatorios. Resulta muy peligroso practicar semejante política educativa, a saber, enseñar solamente a los estudiantes cómo lograr ciertos resultados, en lugar de enseñarles a realizar experimentos con integridad científica.

Así pues, solamente les deseo a ustedes una cosa: la feliz suerte de encontrarse en algún lugar donde tengan ustedes libertad para mantener la clase de integridad que he descrito; un lugar donde no se vean obligados a perder su integridad científica para mantener su posición en la organización, o lograr respaldo financiero, o lo que sea. Que tengan ustedes esa libertad. Así sea.

BIBLIOGRAFÍA:
Feynman, Richard (2010). ¿Está ud. de broma, Sr. Feynman?. Alianza.
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El meme de la semana: Diane Ackerman


Es Titán, calentado por una manta de hidrógeno;
sus volcanes helados lanzan amoníaco
arrancado de un corazón glacial. Las lavas
líquidas y heladas sostienen un imperio
mayor que Mercurio, y también un poco
como la primitiva Tierra: llanuras de asfalto
y mares de mineral caliente. Pero
cómo me gustaría probar las aguas de Titán,
bajo su cielo surcado por los humos,
donde el suelo aparece borroso por la neblina rojiza
de arriba,
como cavernas flotantes, nubes que se elevan y se
desplazan,
de las que cae material vítreo primigenio, mientras
la vida espera en las alas.

Diane Ackerman, filósofa y poetisa estadounidense, en  The Planets

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Neil deGrasse Tyson habla sobre Carl Sagan













En este vídeo podemos escuchar una anécdota personal del famoso astrofísico y divulgador científico Neil deGrasse Tyson en el que cuenta cómo conoció a Carl Sagan cuando estaba decidiendo la Universidad en la que estudiar. Neil deGrasse Tyson nos habla de la faceta personal y humana del brillante Carl Sagan, y de cómo gracias a él, Tyson siente la responsabilidad de divulgar la ciencia.

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Mosquitos transgénicos contra la enfermedad


La Fiebre del Dengue es una enfermedad infecciosa vírica con 50 a 100 millones de nuevos casos al año y transmitida, al igual que muchas otras, por un mosquito, comúnmente el Aedes aegypti. En concreto, los virus que la provocan sólo son transmitidos por la picadura de los mosquitos hembra, anatómicamente capacitados para ello. La solución que propone (y lleva a cabo) Hadyn Parry es muy sencilla, y basada en la ingeniería genética. La solución consistiría en introducir  mosquitos machos genéticamente manipulados para hacerlos estériles (o con un gen que cause la muerte de las crías) y liberarlos en la naturaleza, teniendo en cuanta que se reproducirán con las hembras. Este mecanismo ha conseguido reducir las especies portadoras del virus del Dengue. ¿Aplicaremos esta técnica con éxito en otras tantas enfermedades? ¿Funcionará a escala global?

Su conferencia en TED:



ENLACES:
http://www.ted.com/talks/lang/es/hadyn_parry_re_engineering_mosquitos_to_fight_disease.html
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/001374.htm
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Este próximo viernes: Escépticos en el Pub Compostela

Este próximo viernes, para quienes estén o puedan acercarse a Santiago de Compostela, habrá una nueva entrega de Escépticos en el Pub Compostela. Tened muy presente la fecha, viernes 26 de abril a las 21:00h, y el lugar que, como de costumbre, será el Kunsthalle (Rúa da Conga, 8). Tenedlo muy presente porque la charla no es para nada baldía. Todo lo contrario. El ponente es, nada más y nada menos que el Dr. J.M. Mulet.

José Miguel Mulet (Denia, 1973) es licenciado en Química por la Universidad de Valencia (1996) y doctor en la especialidad de Bioquímica y Biología Molecular (2001). Es profesor titular de Universidad en el Departamento de Biotecnología de la Universidad Politécnica de Valencia y trabaja como investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP). Además, como muchos sabéis, es un gran divulgador científico. Es autor del libro Los productos naturales ¡vaya timo! y del fantástico blog homónimo (www.losproductosnaturales.com) y colaborador de Naukas.

Mulet nos hablará de Transgénicos o ecológicos ¿Cuál será la alimentación del futuro? Uno de sus temas estrella y que charlatanes, pseudocientíficos y algunos ecologistas como Greenpeace, con obviamente carencias importantes en el conocimiento del tema, tanto critican. Sin embargo Mulet, con la experiencia de quien trabaja en Biología Molecular, nos aportará razones con fundamento para decir ¡alto! a aquellos que todavía recelan de los alimentos transgénicos.

Aquí está el cartel del evento:


ENLACES:
Para más información sobre Escépticos en el Pub Compostela, visitad la página: http://eeep-compostela.blogspot.com.es/ o @EEEPcompostela

Podéis conocer los los próximos eventos de Escépticos en el Pub Madrid en: http://www.escepticos.es/blog/14

Libro Los productos naturales ¡vaya timo!: http://www.laetoli.es/vaya-timo/62-los-productos-naturales.html

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El meme de la semana: Isaac Asimov

¿No crees en platillos voladores?”, me preguntan. “¿No crees en la telepatía, en astronautas antiguos, en el triángulo de las Bermudas, en la vida después de la muerte?”. Les respondo que no. No, no, no, no y no de nuevo. Una persona, desesperada por la letanía de negación sin cesar, me preguntó recientemente si creía en algo. “Sí”, le dije, “Creo en la evidencia. Creo en la observación, las mediciones, el razonamiento y la confirmación por medio de observadores independientes. Creeré en cualquier cosa, sin importar que tan loca o ridícula, si hay evidencia que la soporte. Mientras más loca y más ridícula, eso sí, más firme y sólida tendrá que ser la evidencia”.

Isaac Asimov (1920 - 1992), escritor y bioquímico, en  The Roving Mind
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El meme de la semana: James Joyce

La vaga vislumbre de miedo se convirtió ahora en espanto cuando la voz ronca del predicador fue introduciendo la idea de la muerte en su alma. Sufrió todas las miserias de la agonía.

James Joyce (1882 - 1941), escritor irlandés, en la novela "Retrato del artista adolescente".
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El meme de la semana: Francisco García Olmedo

La cicuta que acabó con la vida del filósofo era ciertamente natural, como lo son las toxinas bacterianas y fúngicas. La solanina de la patata es un alcaloide tóxico que está cien veces más concentrado en la patata silvestre que en la doméstica. La piperina de la pimienta produce tumores en el ratón y las fenilhidrazinas presentes en las setas comestibles son también tóxicas. También es obligado mencionar el ácido cianhídrico o prúsico, un potente tóxico que inhibe la actividad respiratoria y es generado en ciertas circunstancias por más de 2.000 especies vegetales, entre las que cabe citar la almendra amarga, el sorgo y la yuca o mandioca. El ácido cianhídrico es soluble en agua y volátil, por lo que puede ser eliminado por lavado y tratamiento térmico. Sin embargo, un procesamiento incompleto puede dejar trazas subletales del tóxico que causan síndromes crónicos mal conocidos hasta tiempos recientes. En cambio, los conservantes legales, usados según las normas, son inocuos y nos defienden de peligros naturales, tales como los de las toxinas del botulismo o la salmonelosis.

Francisco García Olmedo, químico e ingeniero agrónomo, en ElCultural.es.
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DesMedicina: El frío y los resfriados

Mientras blando un pañuelo blanco y me rindo ante la fiebre, el dolor de cabeza y los mocos, se me ocurren dos preguntas: ¿En las épocas frías del año hay más resfriados? y ¿Es el frío el causante de los resfriados? A la primera pregunta, sin comernos demasiado el coco, podemos responder que sí: Existe una relación clara entre los catarros comunes y la estación del año, siendo más frecuentes en otoño e invierno. La segunda pregunta, en cambio, no es tan fácil de responder.

Los resfriados y el resto de infecciones respiratorias víricas agudas forman parte de las enfermedades más comunes del ser humano. Las enfermedades producidas por virus respiratorios se dividen en varios síndromes distintos, como el famoso resfriado común, la faringitis, la laringotraqueobronquitis, la bronquiolitis, la traqueítis, la bronquitis, etc. El resfriado común es el más habitual y está producido por los Rinovirus.

Existe la creencia generalizada de que las infecciones respiratorias son el resultado de pasar frío, salir a la calle con el pelo mojado, mantener los pies húmedos, y tantas otras afirmaciones que son admitidas sin reticencias por muchos. Junto con otras muchas creencias se basan parcialmente en recordar los aciertos y olvidar los fallos. Todo el mundo se acuerda de aquella vez que pasó frió y se resfrió, y no de aquella otra en la que, a pesar de haberse congelado, no pasó nada de nada. Sin embargo, a diferencia de otras creencias, sí que hay una base, existe relación entre el frío y los resfriados. Ya vimos que en las estaciones frías hay más resfriados, pero ¿es una relación causa-efecto?

Actualmente hay tres hipótesis plausibles que explicarían esta relación:
  • El frío favorece la infección por Rinovirus.
  • El frío evita la llegada del número suficiente de defensas a las vías respiratorias.
  • El frío nos hace estar más hacinados y favorece indirectamente el contagio.

Sobre la primera hipótesis podemos afirmar que, tanto el frío ambiente como la humedad y los cambios de presión barométrica, no afectan decisivamente a la fisiología de los Rinovirus. Los virus se dividen más fácilmente a temperaturas inferiores a la temperatura corporal normal (alrededor de 37º C): Los Rinovirus crecen preferentemente entre 33º y 34º C. Sin embargo esta es precisamente la temperatura normal de los conductos nasales en el hombre. Aunque vayamos abrigados. Por tanto, todavía no hay evidencias que sostengan claramente que el frío ambiente favorece la patogenicidad de los Rinovirus.

Otra explicación es que la exposición al frío disminuyese la respuesta inmune sistémica bajando la temperatura corporal normal, lo que favorecería una bajada del flujo sanguíneo (vasoconstricción) en las vías aéreas, limitando el suministro de células inmunitarias (que en condiciones normales lucharían contra los virus). Esto, según algunos estudios, estimularía, no tanto la infección por Rinovirus, sino la activación de alguna infección subclínica (paciente ya infectado aunque sin síntomas) de este virus, que se transformaría en clínica. ¿Existen pruebas de que la exposición al frío favorezca el desarrollo del catarro común por virus respiratorios en sujetos que han tenido contacto con el virus? En la actualidad no hay evidencia fuerte que nos ayude a afirmarlo, aunque existen indicios. Y aunque esto se confirmase en nuevos estudios, no explicaría la infección, sino la manifestación sintomática en alguien ya infectado previamente.

Por ello, la explicación que aparece como más probable (y sencilla) para el aumento de la incidencia en las estaciones frías, es el cambio en el comportamiento de las personas favoreciendo la transmisión del virus: con frío la gente está más hacinada (en las escuelas, trabajos o centros comerciales). El mal tiempo motiva a las personas a estar más tiempo bajo techo, lo que favorece sin duda el contagio entre ellas. Precisamente, dos de los picos epidémicos de los resfriados comunes son a la vuelta de vacaciones: en septiembre y enero.

Esto dice el Harrison. Principios de Medicina Interna
A pesar de ciertas observaciones anecdóticas, aspectos como la exposición a temperaturas frías, la fatiga y la privación del sueño no se han relacionado con un incremento de la enfermedad inducida por rinovirus en voluntarios, aunque algunos estudios han sugerido que el "estrés" definido desde el punto de vista psicológico puede contribuir al desarrollo de los síntomas.
La conclusión final es que NO hay una evidente relación causa-efecto entre el frío y el catarro común, aunque éste pueda intervenir favoreciendo indirectamente la transmisión del virus entre personas por el hecho de juntar a la gente entre las mismas paredes. No te contagias estando en la calle a la intemperie (¡aunque no lleves bufanda!) sino, irónicamente, al llegar a casa o al trabajo. Ironías de la vida.

BIBLIOGRAFÍA:
[1] Eccles, R. Acute cooling of the body surface and the common cold. Rhinology. 2002. 40:109-114.
[2] Gwaltney, JM. Climatology and the common cold. Trans Am Clin Climatol Assoc. 1985; 96:159–175.
[3] Donovan J. Thompson, Michael Lebowitz, Eric J. Cassell, Doris Wolter, James McCarroll. Health and the urban environment pollution, weather, and the common cold. Am J Public Health. 1970. 60(4):731-9
[4] Johnson, C and Eccles, R. Acute cooling of the feet and the onset of common cold symptoms. Family Practice. 2005; 22: 608–613.
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El meme de la semana: Bob Dylan

[...]
But I can’t think for you
You’ll have to decide
Whether Judas Iscariot
Had God on his side
[...]
Pero no puedo pensar por vosotros.
Tendréis que decidir
Si Judas Iscariote
Tenía a Dios de su lado.


Bob Dylan, músico, cantante y poeta estadounidense, en "With God on Our Side". 
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¿Fue Jesús de Nazaret una buena persona?

Este post es un fragmento del libro Por qué no soy cristiano de Bertrand Russell (Ver bibliografía al final).



















[...]

EL CARÁCTER DE CRISTO

Ahora tengo que decir unas pocas palabras acerca de un asunto que creo que no ha sido suficientemente tratado por los racionalistas, y que es la cuestión de si Cristo era el mejor y el más sabio de los hombres. Generalmente, se da por sentado que todos debemos estar de acuerdo en que era así. Yo no lo estoy. Creo que hay muchos puntos en que estoy de acuerdo con Cristo, muchos más que aquellos en que lo están los cristianos profesos. No sé si podría seguirle todo el camino, pero iría con Él mucho más lejos de lo que irían la mayoría de los cristianos profesos. Recuérdese que Él dijo: «Yo, empero, os digo, que no hagáis resistencia al agravio; antes, si alguno te hiriese en la mejilla derecha, vuelve también la otra.» No es un precepto ni un principio nuevos. Lo usaron Lao-Tsé y Buda quinientos o seiscientos años antes de Cristo, pero este principio no lo aceptan los cristianos. No dudo que el actual primer ministro2, por ejemplo, es un cristiano muy sincero, pero no les aconsejo que vayan a abofetearlo. Creo que hallarían que él pensaba que el texto tenía un sentido figurado.

Luego, hay otro punto que considero admirable. Se recordará que Cristo dijo: «No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados.» Ese principio creo que no se hallará en los tribunales de los países cristianos. Yo he conocido en mi tiempo muchos jueces que eran cristianos sinceros, y ninguno de ellos creía que actuaba en contra de los principios cristianos haciendo lo que hacia. Luego Cristo dice: «Al que te pide, dale: y no le tuerzas el rostro al que pretenda de ti algún préstamo.» Ese es un principio muy bueno.

El presidente ha recordado que no estamos aquí para hablar de política, pero no puedo menos de observar que las últimas elecciones generales se disputaron en torno a lo deseable que era torcer el rostro al que pudiera pedirnos un préstamo, de modo que hay que suponer que los liberales y los conservadores de este país son personas' que no están de acuerdo con las enseñanzas de Cristo, porque, en dicha ocasión, se apartaron definitivamente de ellas. Luego, hay otra máxima de Cristo que yo considero muy valiosa, pero que no es muy popular entre algunos de nuestros amigos cristianos. Él dijo: «Si quieres ser perfecto, anda y vende cuanto tienes y dáselo a los pobres.» Es una máxima excelente, pero, como dije, no se practica mucho. Considero que todas estas máximas son buenas, aunque un poco difíciles de practicarse. Yo no hago profesión de practicarlas; pero, después de todo, no es lo mismo que si se tratase de un cristiano.

DEFECTOS DE LAS ENSEÑANZAS DE CRISTO

Concediendo la excelencia de estas máximas, llego a ciertos puntos en los cuales no creo que uno pueda ver la superlativa virtud ni la superlativa bondad de Cristo, como son pintadas en los Evangelios; y aquí puedo decir que no se trata de la cuestión histórica. Históricamente, es muy dudoso el que Cristo existiera, y, si existió, no sabemos nada acerca de Él, por lo cual no me ocupo de la cuestión histórica que es muy difícil. Me ocupo de Cristo tal como aparece en los Evangelios, aceptando la narración como es, y allí hay cosas que no parecen muy sabias. Una de ellas es que Él pensaba que Su segunda venida se produciría, en medio de nubes de gloria, antes que la muerte de la gente que vivía en aquella época. Hay muchos textos que prueban eso. Dice, por ejemplo: «No acabaréis de pasar por las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del hombre.» Luego dice: «En verdad os digo que hay aquí algunos que no han de morir antes que vean al Hijo del hombre aparecer en el esplendor de su reino»; y hay muchos lugares donde está muy claro que Él creía que su segundo advenimiento ocurriría durante la vida de muchos que vivían entonces. Tal fue la creencia de sus primeros discípulos, y fue la base de una gran parte de su enseñanza moral. Cuando dijo: «No andéis, pues, acongojados por el día de mañana» y cosas semejantes, lo hizo en gran parte porque creía que su segunda venida iba a ser muy pronto, y que los asuntos mundanos ordinarios carecían de importancia. En realidad, yo he conocido a algunos cristianos que creían que la segunda venida era inminente. Yo conocí a un sacerdote que aterró a su congregación diciendo que la segunda venida era inminente, pero todos quedaron muy consolados al ver que estaba plantando árboles en su jardín. Los primeros cristianos lo creían realmente, y se abstuvieron de cosas como la plantación de árboles en sus jardines, porque aceptaron de Cristo la creencia de que la segunda venida era inminente. En tal respecto, evidentemente, no era tan sabio como han sido otros, y desde luego, no fue superlativamente sabio.

EL PROBLEMA MORAL

Llegamos entonces a las cuestiones morales. Para mí, hay un defecto muy serio en el carácter moral de Cristo, y es que creía en el infierno. Yo no creo que ninguna persona profundamente humana pueda creer en un castigo eterno. Cristo, tal como lo pintan los Evangelios, sí creía en el castigo eterno, y uno halla repetidamente una furia vengativa contra los que no escuchaban sus sermones, actitud común en los predicadores y que dista mucho de la excelencia superlativa. No se halla, por ejemplo, esa actitud en Sócrates. Es amable con la gente que no le escucha; y eso es, a mi entender, más digno de un sabio que la indignación. Probablemente todos recuerdan las cosas que dijo Sócrates al morir y lo que decía generalmente a la gente que no estaba de acuerdo con él.

Uno se encontrará con que Cristo dijo en los Evangelios: «¡Serpientes, raza de víboras! ¿Cómo será posible que evitéis el ser condenados al fuego del infierno?» Se lo decía a la gente que no escuchaba sus sermones. A mi entender este no es realmente el mejor tono, y hay muchas cosas como éstas acerca del infierno. Hay, claro está, el conocido texto acerca del pecado contra el Espíritu Santo: «Pero quien hablase contra el Espíritu Santo, despreciando su gracia, no se le perdonará ni en esta vida ni en la otra». Ese texto ha causado una indecible cantidad de miseria en el mundo, pues las más diversas personas han imaginado que han cometido pecados contra el Espíritu Santo y pensado que no serían perdonadas en este mundo ni en el otro. No creo que ninguna persona un poco misericordiosa ponga en el mundo miedos y terrores de esta clase.

Luego, Cristo dice: «Enviará el Hijo del hombre a sus ángeles, y quitarán de su reino a todos los escandalosos y a cuantos obran la maldad; y los arrojarán en el horno del fuego: allí será el llanto y el crujir de dientes.» Y continúa extendiéndose con los gemidos y el rechinar de dientes. Esto se repite en un versículo tras otro, y el lector se da cuenta de que hay un cierto placer en la contemplación de los gemidos y el rechinar de dientes', pues de lo contrario no se repetiría con tanta frecuencia, Luego, todos ustedes recuerdan, claro está, lo de las ovejas y los cabritos; cómo, en la segunda venida, para separar a las ovejas y a los cabritos dirá a éstos: «Apartaos de mi, malditos: id al fuego eterno.» Y continúa: «Y éstos irán al fuego eterno.» Luego, dice de nuevo: «Y si es tu mano derecha la que te sirve de escándalo o te incita a pecar, córtala y tírala lejos de ti; pues mejor te está que perezca uno de tus miembros, que no el que va ya todo tu cuerpo al infierno, al fuego que no se extingue jamás.» Esto lo repite una y otra vez. Debo declarar que toda esta doctrina, que el fuego del infierno es un castigo del pecado, es una doctrina de crueldad. Es una doctrina que llevó la crueldad al mundo y dio al mundo generaciones de cruel tortura; y el Cristo de los Evangelios, si se le acepta tal como le representan sus cronistas, tiene que ser considerado en parte responsable de eso.

Hay otras cosas de menor importancia. Está el ejemplo de los puercos de Gadar, donde ciertamente no fue muy compasivo para los puercos el meter diablos en sus cuerpos y precipitarlos colina abajo hasta el mar. Hay que recordar que SI era omnipotente, y simplemente pudo hacer que los demonios se fueran; pero eligió meterlos en los cuerpos de los cerdos. Luego está la curiosa historia de la higuera, que siempre me ha intrigado. Recuerdan lo que ocurrió con la higuera. «Tuvo hambre. Y como viese a lo lejos una higuera con hojas, encaminose allá por ver si encontraba en ella alguna cosa: y llegando, nada encontró sino follaje; porque no era aún tiempo de higos; y hablando a la higuera le dijo: "Nunca jamás coma ya nadie fruto de ti" [...] y Pedro [...] le dijo: "Maestro, mira cómo la higuera que maldijiste se ha secado."» Esta es una historia muy curiosa, porque aquella no era la época de los higos, y en realidad, no se puede culpar al árbol. Yo no puedo pensar que, ni en virtud ni en sabiduría, Cristo esté tan alto como otros personajes históricos. En estas cosas, pongo por encima de Él a Buda y a Sócrates.

[...]

BIBLIOGRAFÍA:
Russell, Bertrand. (2001). Por qué no soy cristiano. Los libros de Sísifo. Edhasa editorial.
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¿Vacunas?: ¡Pónsela, Póntela!

Ya está disponible en youtube la charla de febrero de Escépticos en el Pub Madrid. Titulada ¿Vacunas?: ¡Pónsela, Póntela!, en ella Margarita del Val, Doctora en Ciencias Químicas e Investigadora del Centro de Biología Molecular Severo Ochoa (CSIC-UAM) explicaba en el Irish Pub de Madrid la necesidad de la vacunación.


No pude asistir y para aquellos que tampoco pudieron verla, enlazo el vídeo, disponible, junto a las demás charlas, en el blog de Escépticos en el Pub Madrid.



Por cierto, ya está anunciada la nueva sesión de Escépticos en el Pub (Madrid) para el día 6 de abril, infórmate aquí: http://www.escepticos.es/node/2965

ENLACES:
Escépticos en el Pub Madrid
Web de la ARP-SAPC
http://www.youtube.com/playlist?list=PL0nQGyONImntQdnavPNrhP747RAXGVDex
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"Dulce et decorum est"

"Dulce et decorum est"

Como viejos mendigos ocultos bajo sacos,
tropezando, tosiendo como ancianos, cruzamos
por el lodo
hasta que al fin volvimos la espalda a las bengalas
y, agotados, marchamos hacia un lugar remoto.
Caminamos sonámbulos. Algunos, sin sus botas,
seguían adelante empapados en sangre,
ciegos y cojos, sordos incluso a los zumbidos
de los obuses que caían tras nosotros.

"¡Gas! ¡Gas! ¡Rápido todos!". Tanteando
torpemente
nos pusimos las máscaras a tiempo.
Pero hubo uno que gritaba todavía
y se agitaba como un hombre en llamas.
A través del visor y de la niebla verde,
como hundido en el mar, vi que se ahogaba.

Aún veo en mis sueños, impotente,
cómo me pude auxilio presa de su agonía.

Si tú también pudieras, en tus sueños,
caminar tras el carro adonde lo arrojamos
y ver cómo sus ojos se marchitan,
ver su rostro caído, como un demonio hastiado;
si pudieras oír con cada sacudida
cómo sale la sangre de su pulmón enfermo,
obscena como el cáncer, amarga como el vómito
de incurables heridas en lenguas inocentes,
amigo, no dirías entusiasta
a los muchachos sedientos de una ansiosa gloria
esa vieja mentira: Dulce et decorum est
pro patria mori.

Poemas de guerra
Wilfred Owen
Editorial Acantilado
978-84-15277-30-9
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El meme de la semana: John Stuart Mill

"Incluso el Cristo de los Evangelios presenta una promesa directa de recompensas celestiales como motivo principal de amar y hacer bien al prójimo, doctrina que Cristo inculca de manera impresionante. Y esto implica una inferioridad radical que las religiones sobrenaturales padecen cuando se las compara con la Religión de la Humanidad. Pues lo más grande que pueden hacer las influencias morales para mejorar la naturaleza humana es precisamente cultivar los sentimientos generosos del único modo en que cualquier otro principio activo en la naturaleza humana puede cultivarse eficazmente: mediante el ejercicio habitual. Sin embargo, el hábito de esperar recompensas en la otra vida por lo que ha sido nuestra conducta en ésta, hace que hasta la virtud misma no sea ya un ejercicio de nuestros sentimientos generosos."*

John Stuart Mill (1806 - 1873), filósofo inglés, en La Utilidad de la Religión.

NOTA:
*La cursiva es mía.
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Entrevista a Roberto Agusto

Roberto Augusto (Gastrar, A Coruña, 1978) es licenciado y doctor en Filosofía por la Universidad de Barcelona. Ha realizado estancias de investigación en la Universidad Libre de Berlín y en la Academia de Ciencias de Baviera, en Múnich. Colabora con la revista El Emotional Magazine. Escribe artículos de opinión en el periódico digital La Voz Libre. Es autor de dos libros: El nacionalismo ¡vaya timo! (2012) y En defensa del ateísmo (2012), ambos editados por Laetoli.

Blog: www.robertoaugustoblog.com
Página web: www.robertoaugusto.com


P- En la introducción de tu libro En defensa del ateísmo escribes: “No estamos hablando de temas menores, sino de asuntos que afectan de manera profunda a nuestra forma de entender el mundo.” ¿Cuándo y cómo te convertiste en ateo (si es que alguna vez no lo fuiste)? 

No hay un momento concreto en mi vida en el que me convertí en ateo. Supongo que es un proceso que se extiende en el tiempo. Lo soy desde niño, con once o doce años. La religión siempre me ha parecido algo sin sentido.

P- Antes de entrar en materia, ¿esperas que el nuevo papa Francisco abra la puerta a reformas de gran calado en el seno de la Iglesia católica (estamos hablando del sacerdocio femenino, la no oposición a la investigación con células madre, aumentar la permisividad con los preservativos, respetar a las personas homosexuales…)?

No espero ningún avance en ese sentido del nuevo papa. Los cardenales son elegidos después de un cuidadoso proceso de selección ideológica. Han sido educados en una ortodoxia dogmática y no se apartarán de ella. Si la Iglesia católica hiciera cambios sustanciales podría producirse una escisión protagonizada por los sectores más reaccionarios. Esa es una de las causas por las que esos avances son muy improbables. Todo lo sustancial seguirá igual.

P- A bastantes ateos les gustaría creer en un Dios o en una vida trascendente, sin embargo no lo hacen porque no hay evidencias de ello. Otros muchos, como Christopher Hitchens, no sólo no creen en una divinidad sino que afirman que la vida sería desdichada si fuese cierto lo que los fieles afirman: supondría vivir bajo supervisión divina, bajo una vigilancia permanente. En este pequeño debate interno entre los ateos, ¿te posicionas por la primera opción, te gustaría creer (aunque la razón te lo impide), o estás a más favor de la idea de Hitchens?

No me encuentro en ninguno de esos dos casos. A mí no me gustaría ni creer ni no creer. Aceptaré que existe un Dios si se me ofrecen pruebas objetivas de su existencia, algo que no ha sucedido de momento ni creo que vaya a pasar. Con nuestro conocimiento actual del mundo la hipótesis del ateísmo es la más probable. Especular sobre cómo sería la vida si existiera un Dios me parece algo estéril.

P- Hace cincuenta años, filósofos como Bertrand Russell pensaban que la visión religiosa del mundo se desvanecería al ir emergiendo la ciencia y la razón. En tu propio libro (En defensa del ateísmo) hablas sobre las causas del continuo proceso de secularización de Europa. ¿Opinas que el proceso continuará o se estancará?

Es imparable. Y lo más probable es que lo que está pasando en Europa se extienda a otras regiones del mundo. Lo que demuestran los estudios sociológicos es que cada vez hay un mayor porcentaje de ateos. Cuanto más se desarrolle el mundo más ateísmo habrá.

P- El profesor George Steiner decía: “Todas las culturas son mortales. Y todas las religiones también. Todas son eventos culturales mortales, como mortales son los hombres que las han construido.” ¿Llegará un día en el que no exista el cristianismo, acabando olvidado o en la literatura como ha sucedido previamente en la historia con otras muchas religiones?

Es difícil que eso pase porque la inercia histórica que sustenta al cristianismo es muy grande. Además, es la religión con mayor número de seguidores. Lo que me parece probable es que se vaya debilitando, pero no creo que desaparezca, al menos no a corto o medio plazo. Quizás dentro de cientos o miles de años algo así pudiera suceder. Pero de momento es impensable.

P- ¿Qué pueden hacer los ateos, especialmente los que viven en países dominados por la religión, para reducir la influencia de la misma, y avanzar en una sociedad laica?

Lo primero que hay que hacer es expresar nuestro ateísmo sin miedo. Hay que normalizar esta manera de entender el mundo, algo que no ha pasado en muchos lugares donde la religión es importante. Lo segundo que me parece clave es explicar el ateísmo, ya que es un gran desconocido. A partir de ahí debemos defender nuestra postura sin complejos porque los hechos y la razón está de nuestro lado.

P- ¿Es el agnosticismo una visión filosóficamente pobre o equivocada?

En mi opinión es un error conceptual. A veces muchos de los que dicen ser agnósticos en realidad son creyentes que no se atreven a confesar sus creencias porque saben que son irracionales. En otros casos lo que sucede es que es que son ateos que no quieren decir lo que piensan para evitar molestar a los teístas. Aunque, sin duda, puede haber verdaderos agnósticos. El problema es que no tienen en cuenta lo que llamo el conocimiento antecedente, es decir, lo que sabemos actualmente del mundo gracias a la ciencia. Y la hipótesis teísta es incompatible con todo lo que conocemos de la naturaleza. Por lo tanto el ateísmo es la posición más coherente con nuestro conocimiento actual.

P- ¿Qué puedes aportar al debate ciencia versus religión? Desde el punto de vista filosófico ¿son magisterios separados como consideraba el biólogo Stephen Jay Gould o se oponen, pudiéndose considerar a Dios como una mera hipótesis científica (sin que existan evidencias que corroboren dicha hipótesis)?

La ciencia y la religión son opuestas, a pesar de que muchos quieren convencernos de lo contrario. Son vasos comunicantes. Cuanto más fuerte está una más débil es la otra. Representan formas de entender el mundo incompatibles. Por desgracia, algunos eminentes científicos acaban seducidos por la religión e intentan justificarse buscando una unión imposible. La ciencia busca entender el mundo de manera racional. La religión es el triunfo del sentimiento sobre la razón.

P- El biólogo Richard Dawkins ha dicho en varias ocasiones que una de las peores acciones de la religión es el adoctrinamiento infantil. Afirma que educar a los niños en una tradición religiosa es una forma de abuso. ¿Cuál es tu opinión acerca de esto?

Lamentablemente ese problema no se reduce al adoctrinamiento religioso, sino que afecta a muchos otros ámbitos de la vida. En EE. UU. los niños deben hacer un juramento ante una bandera cada mañana. Eso también es adoctrinamiento nacionalista. Vivimos en una sociedad donde se nos amolda desde nuestro nacimiento para que pensemos de una determinada forma. Y eso sucede no solo en la escuela, sino sobre todo en la familia. Lo que hay que hacer es educar en la libertad y lo que sucede casi siempre es todo lo contrario.

P- Combinando tu libro más reciente (En defensa del ateísmo) con tu anterior ensayo (El nacionalismo ¡vaya timo!), podrías decir brevemente ¿Qué tiene el nacionalismo de religión (y viceversa)?

Existe una conexión muy clara entre estos dos libros. Siempre he defendido que el nacionalismo es una religión política. Por eso es tan difícil dialogar con los seguidores de esa doctrina. La idea de nación se parece mucho a la idea de Dios porque dota de un sentido trascendente a la vida de los que creen en esos conceptos. Afirmo que el nacionalismo y la religión son dos de los peores males de la humanidad.

P- ¿Existirían las religiones si no hubiesen sido utilizadas por el poder para controlar a la población? ¿O no ha influido decisivamente en la historia de los teísmos porque se originan por otras causas como el miedo a la muerte?

Hay muchas razones que explican la existencia de la religión. En mi libro señalo veinte, pero puede haber más. Sin duda una de las principales es el miedo a morir. Además, es un instrumento de control social muy poderoso. Sirve que justificar el orden establecido y adormece la lucha por la igualdad social con falsas promesas de una vida después de la muerte. Por eso el poder político siempre se ha apoyado en la religión.

P- En tu libro defiendes un ateísmo racionalista. ¿El ateísmo dogmático es tan perjudicial para la razón como las propias religiones?

Todo dogmatismo, del tipo que sea, es malo. Hay que rechazar también el ateísmo que no surga de la razón, sino del acatamiento acrítico de doctrinas políticas o sistemas filosóficos.

P- Según tu opinión, ¿cuáles son, brevemente, los peores aspectos de las religiones? ¿Cuáles son los lados oscuros de la religión (no sólo en las teocracias árabes, sino también en el cristianismo) actual?

Las religiones suelen hablar de paz y fraternidad. Sin embargo, lo único que nos han traído es sufrimiento, esclavitud y muerte. Nunca habrá paz en el mundo mientras exista gente que siga verdades dogmáticas. Las religiones debilitan a la humanidad porque la dividen en grupos que luchan por extender su credo lo más posible. Son una forma de control mental que usan unos pocos para dominar a muchos. Destruyen la libertad del ser humano al someterlo a la autoridad de unas élites eclesiales que se creen en posesión exclusiva de una verdad revelada contraria a la razón.

P- Una de las cosas que más me ha gustado de tu libro es la sencillez y la claridad con la que expones tus argumentos, por eso me gustaría que continuases escribiendo. ¿Tienes pensado escribir algún otro ensayo en el futuro? ¿Nos puedes adelantar el tema del libro?

Actualmente estoy escribiendo un nuevo libro que estará listo en pocos meses. En él vuelvo a hablar del nacionalismo y de la religión. Pero abordo nuevos temas, como una crítica a las ideologías, a las organizaciones o a la idea de autoridad. Una de las novedades de este ensayo es la forma cómo está escrito. No hay citas de otros autores o referencias eruditas. He buscado un estilo más simple y directo.

Muchas gracias Roberto por esta interesante conversación.
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El meme de la semana: George Orwell

La Libertad significa libertad para decir que dos más dos son cuatro. Si eso se admite, todo lo demás se da por añadidura.
George Orwell (1903 - 1950), periodista y escritor, en 1984
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¿De dónde has sacado esos ojos?

El creacionismo tiene un atractivo perdurable, y no hay que ir muy lejos para encontrar la causa. Al menos para la mayoría de gente que conozco, no es a causa de un compromiso con la verdad literal del Génesis o alguna otra historia tribal sobre el origen. En cambio, la causa es que la gente descubre por sí misma la belleza y complejidad del mundo vivo y concluye que “obviamente” debe haber sido diseñada. Los creacionistas que reconocen que la evolución darwiniana proporciona algún tipo de alternativa a su teoría escrituraria, recurren a menudo a una objeción algo más sofisticada. Niegan la posibilidad de los intermediarios evolutivos. “X debe haber sido diseñado por un Creador”, dice la gente, “porque medio X no habría funcionado en absoluto. Todas las partes de X deben haberse juntado simultáneamente; no pueden haber evolucionado gradualmente”.


De ahí que la pregunta favorita de un creacionista sea: “¿Para qué sirve medio ojo?”. En realidad, esta pregunta tiene poca fuerza y es muy fácil de responder. Medio ojo es justamente un 1 por ciento mejor que el 49 por ciento de un ojo, que de por sí es mejor que un 48 por ciento, y la diferencia es significativa. Parece que hay una muestra de mayor peso tras la inevitable pregunta suplementaria: “Hablando como un físico, no puedo creerme que haya habido tiempo suficiente para que un órgano tan complicado como un ojo haya evolucionado de la nada. ¿De veras cree que ha habido tiempo suficiente?”. Ambas preguntas surgen del Argumento de Incredulidad Personal. Sin embargo, la audiencia aprecia una respuesta, y a menudo he recurrido al simple hecho de la magnitud del tiempo geológico.

La absurda enormidad del tiempo geológico resulta ser como usar un martillo hidráulico para cascar nueces. Un estudio reciente realizado por dos científicos suecos, Dan Nilsson y Susanne Pelger, sugiere que con una ridícula fracción de ese tiempo habría sobrado. Por cierto, cuando uno dice “el” ojo, implícitamente se refiere al ojo de los vertebrados, pero han evolucionado, de manera independiente y desde cero, entre 40 y 60 ojos útiles para formar imágenes en muchos grupos de invertebrados. Entre estas más de 40 evoluciones independientes, se han descubierto al menos nueve principios de diseño distintos, incluyendo el ojo estenopeico, el ojo lenticular, el ojo reflector curvo (“antena parabólica”), y varios tipos de ojos compuestos. Nilsson y Pelger se han concentrado en los ojos con lentes, como los que se encuentran bien desarrollados en los vertebrados y los pulpos. 

¿Cómo se pone uno a estimar el tiempo requerido para una cierta cantidad de cambio evolutivo? Tenemos que encontrar una unidad para medir el tamaño de cada paso evolutivo, y es sensato expresarlo como un cambio porcentual de lo que ya hay. Nilsson y Pelger utilizaron el número de cambios sucesivos de x por ciento como su unidad para medir los cambios en las cantidades anatómicas. 

Su tarea era realizar modelos informáticos de la evolución de los ojos para resolver dos preguntas. La primera era: ¿hay un gradiente suave de cambio, desde la piel lisa hasta un ojo lenticular, tal que cada paso intermedio sea una mejora? (A diferencia de los ingenieros humanos, la selección natural no puede ir colina abajo, aunque haya una tentadora colina más alta al otro lado del valle). Segundo: ¿cuánto tiempo tardaría en producirse la cantidad necesaria de cambio evolutivo?

En sus modelos informáticos, Nilsson y Pelger no intentaron simular el funcionamiento interno de las células. Comenzaron su historia a partir de la invención de una célula fotosensible individual –no hay problema en llamarla fotocélula. Estaría bien que en el futuro se diseñe otro modelo informático al nivel del interior de una célula, para mostrar cómo surgió la primera fotocélula a partir de modificaciones paso a paso de una célula más antigua y genérica. Pero hay que comenzar en algún punto, y Nilsson y Pelger comenzaron tras la
invención de la fotocélula.

Trabajaron a nivel de los tejidos: el nivel de las cosas hechas de células, en lugar del nivel de las células individuales. La piel es un tejido, y también la funda de los intestinos, el músculo y el hígado. Los tejidos pueden cambiar de muchas maneras bajo la influencia de mutaciones aleatorias. Las láminas de tejido pueden crecer o disminuir en área. Pueden hacerse más gruesas o más delgadas. En el caso especial de los tejidos transparentes, como el tejido lenticular, puede cambiar el índice de refracción (su capacidad para desviar la luz) de partes locales del tejido.

La belleza de simular un ojo en lugar de, digamos, la pata de un guepardo al correr, estriba en que su eficiencia puede medirse fácilmente. El ojo es representado como una sección bidimensional y el ordenador puede calcular fácilmente su agudeza visual, o resolución espacial, mediante un único número real. Sería mucho más difícil averiguar una expresión numérica equivalente para la eficacia de la pata o la columna vertebral de un guepardo. Nilsson y Pelger empezaron con una retina plana encima de una capa plana de pigmento y coronada de una capa protectora transparente y plana. La capa transparente tenía la capacidad de experimentar mutaciones aleatorias localizadas de su índice de refracción. Luego dejaron que el modelo se deformara aleatoriamente, limitado sólo por el requerimiento de que todo cambio debía ser pequeño y debía ser una mejora de lo que había antes. 

Los resultados fueron rápidos y decisivos. Una trayectoria de continua mejora de la agudeza condujo directamente, mediante un ligero proceso de depresión, desde el comienzo plano hasta una hoquedad cada vez más profunda, al irse deformando el modelo de ojo en la pantalla del ordenador. La capa transparente se hizo más gruesa para llenar la hoquedad y combó ligeramente su superficie exterior en una curva. Y luego, casi como por arte de magia, una porción de este relleno transparente se condensó en una subregión local esférica de mayor índice de refracción. No uniformemente mayor, sino con un gradiente de índices de refracción tal que la región esférica funcionaba como una excelente lente de índice graduado. 

Los fabricantes de lentes humanos no están familiarizados con las lentes de índice graduado, pero éstas son comunes en los ojos del mundo vivo. Los humanos hacen lentes puliendo el vidrio para que adquiera una forma particular. Hacemos lentes compuestas, como las caras lentes de color violeta de las cámaras modernas, montando varias lentes juntas; pero cada una de las lentes individuales está hecha de un vidrio de grosor uniforme. En contraste, una lente de índice graduado tiene un índice de refracción que varía gradualmente dentro de su propia sustancia. Normalmente tiene un índice de refracción alto cerca del centro de la lente. Los ojos de los peces tienen lentes de índice graduado. Hace tiempo que se sabe que, en una lente de índice graduado, los resultados menos sujetos a aberración se obtienen al alcanzar un valor teórico óptimo para la relación entre la longitud focal de la lente y su radio. Esta relación se conoce como coeficiente de Mattiessen. El modelo informático de Nilsson y Pelger se dirigió de manera infalible hacia el coeficiente de Mattiessen.

Y así llegamos a la cuestión de cuánto pudo haber tardado en producirse todo este cambio evolutivo. Para poder contestar a esto, Nilsson y Pelger tuvieron que hacer algunas suposiciones sobre la genética de las poblaciones naturales. Necesitaban darle a su modelo valores plausibles de magnitudes como la “heredabilidad”. La heredabilidad nos dice en qué medida la variación está gobernada por la herencia. La manera más utilizada de medirla es ver cuánto se parecen dos gemelos monocigóticos (es decir, “idénticos”) comparados con mellizos ordinarios. Un estudió halló que la heredabilidad de la longitud de la pierna en los humanos varones es del 77%. Un porcentaje de heredabilidad muy alto significaría que se podría medir la pierna de un gemelo idéntico y obtener un conocimiento perfecto de la longitud de la pierna del otro gemelo, aunque los gemelos hubieran crecido separados. Una heredabilidad del 0 por ciento significaría que las piernas de los gemelos monocigóticos no tienen mayor semejanza entre ellas que con las piernas de miembros al azar de una población específica en un ambiente dado. Otras heredabilidades medidas en los humanos son el 95 por ciento para el perímetro de la cabeza, el 85 por ciento para la estatura sentado, el 80 por ciento para la longitud del brazo, y el 79 por ciento para la estatura.


Frecuentemente, las heredabilidades son mayores del 50 por ciento y, por tanto, Nilsson y Pelger introdujeron confiadamente una heredabilidad del 50 por ciento en su modelo del ojo. Esto era una suposición conservadora o “pesimista”. Comparada con una suposición más realista de, digamos, un 70 por ciento, una suposición pesimista tiende a incrementar el tiempo final estimado para que evolucione el ojo. Querían equivocarse por el lado de la sobreestimación, porque intuitivamente somos escépticos ante las estimaciones cortas del tiempo que tarda en evolucionar algo tan complicado como un ojo. 

Por esa misma razón, eligieron valores pesimistas para el coeficiente de variación (esto es, cuánta variación hay típicamente en la población) y para la intensidad de la selección (la cantidad de ventaja en la supervivencia que confiere una visión mejorada). Llegaron incluso a suponer que cada generación nueva difería sólo en una parte del ojo al mismo tiempo: los cambios simultáneos en partes diferentes del ojo, algo que habría aumentado mucho la velocidad de la evolución, fueron prohibidos. Pero incluso con estas suposiciones conservadoras, el tiempo que tardó en evolucionar el ojo de un pez a partir de la piel lisa fue minúsculo: menos de 400.000 generaciones. Para el tipo de animales pequeños que estamos tratando, podemos suponer una generación por año, así que parece que tardaría menos de medio millón de años en evolucionar un buen ojo. 

Bajo la luz de los resultados de Nilsson y Pelger, no es de extrañar que “el” ojo haya evolucionado al menos 40 veces de manera independiente por todo el reino animal. Ha habido suficiente tiempo para que evolucione desde la nada 1.500 veces en sucesión dentro de cualquier linaje individual. Suponiendo unas duraciones típicas para las generaciones de los animales pequeños, el tiempo que se necesita para la evolución de un ojo, lejos de aumentar la credulidad con su inmensidad, ¡resulta ser demasiado corto para que los geólogos lo puedan medir! Es un abrir y cerrar de ojos geológico.

Richard Dawkins
Traducción: Gabriel Rodríguez Alberich
Copyright © 1995 Richard Dawkins

ENLACES:
http://the-geek.org/docs/
http://www.richarddawkins.net/
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LIBRO: "En defensa del ateísmo" de Roberto Augusto


Título: "En defensa del ateísmo"
Autor: Roberto Augusto
Editorial: Laetoli (http://www.laetoli.net/)
Idioma: Español
Fecha de publicación: 2012
ISBN: 978-8492-422500

En la teología de cualquier religión, pero especialmente en la teología cristiana, una parte importante de sus planteamientos históricos son aportar pruebas que confirmen la fe en Dios y buscar argumentos para luchar contra las objeciones, preguntas y dudas de los defensores del  antiteísmo. Incluidos en estas dos categorías en las que podemos resumir la teología existen explicaciones que con mayor o menor éxito han sido postuladas por muchos autores teístas. Para desmantelar gran parte de estos planteamientos teológicos es una muy buena opción la lectura del libro “En defensa del Ateísmo”. Escrito y argumentado de una manera excelente por el doctor en filosofía Roberto Augusto, en él se hace una llamada a la defensa de la razón y de la verdad, no desde una posición dogmática, sino desde la defensa de un ateísmo racionalista que sostiene la no existencia de razón alguna para dejarse seducir por la creencia en un ser trascendente.

El ateísmo del autor se fundamenta en un juicio, en una valoración de las pruebas y argumentos presentados por los teístas para demostrar sus ideas, en quienes recae la carga de la prueba. Como él mismo dice, la discusión entre ateos y teístas debe de ser estrictamente racional, quedando al margen elementos propios de las religiones, tan básicos para algunos creyentes como los milagros, el argumento de la autoridad, la revelación o la fe. Partiendo de esta base, Roberto Augusto critica, al estilo del conspicuo Bertrand Russell, el argumento ontológico y las vías tomistas que intentan demostrar la existencia de dios; y rechaza una de las posturas filosóficas que más éxito ha tenido en la historia de la filosofía: el dualismo. Las religiones, dejando a un lado el panteísmo, presuponen la existencia de un mundo dualista. Quizás esto sea así porque permite a los creyentes cerrar los ojos y evadirse de la muerte. La muerte es uno de las causas fundamentales que explican la existencia de las religiones, ya que es totalmente personal e intransferible: nadie con su propia muerte puede evitar a otro definitivamente el brete de morir. Por tanto, presuponer la existencia de un mundo trascendente nos hace, no olvidar nuestro destino trágico, pero sí relajar el pensamiento de la muerte, considerándola no como el final, sino como el principio de una nueva vida. De ahí el éxito histórico del dualismo. Éxito no merecido, porque como afirma el doctor Augusto, el dualismo no hace sino aumentar las dudas y las preguntas sobre nuestro funesto destino. Frente a todo esto, y ante la carencia de evidencias racionales, partiendo del conocimiento científico (que contradice al visión dualista) el autor sostiene y argumenta una filosofía monista, realista ontológica, racionalista y naturalista. El ateísmo que defiende en el libro se basa en todo lo anterior.

Después de analizar los motivos por los que las personas creen y confían en el manto del teísmo, las interesantes causas del lento pero continuo proceso de secularización en Europa y la encíclica “Fides et Ratio” de Juan Pablo II, Roberto Augusto continua desmontando una por una las críticas más importantes que los teístas han vertido contra el ateísmo. Entre los autores que analiza pormenorizado podemos citar a Albert Hillaire, el filósofo vasco Xavier Zubiri quien llama a los ateos soberbios como si afirmar fehacientemente que su Dios ha creado el universo fuese el parangón de la modestia; Jacques Maritain, Anton Hilckman, William Lane Craig, Benedicto XVI, y especialmente el teólogo de Oxford Richard Swinburne, quien llega a justificar la existencia del mal porque ¡crea una oportunidad para la valentía y la compasión! Este grotesco razonamiento, tan típico del pensamiento teológico, es desmontado por Roberto Augusto junto a los demás argumentos que Richard Swinburne reúne en el libro “La existencia de Dios”:
  • Lo científicamente inexplicable.
  • La aparente (que no real, como bien expone Augusto) simplicidad del teísmo.
  • El argumento cosmológico y la relación con el debate Ciencia vs. Religión.
  • Argumentos teleológicos y estéticos.
  • Argumentos basados en el alma, la moralidad y la providencia
  • La prueba de los milagros.
El modo en el que el autor del libro critica todos los argumentos de Richard Swinburne me parece sencillamente magistral.

Como bien dice Augusto en la introducción del libro, las diferencias entre los que creen y los que no creen son abismales. Estos dos planteamientos difieren en la explicación sobre el origen del ser humano, sobre el sentido último de la existencia y, también, sobre la posibilidad de la vida después de la muerte. No estamos hablando de temas menores, sino de asuntos que afectan de manera profunda a nuestra forma de entender el mundo. Por todo ello, animo a que leáis el libro del doctor Augusto que constituye una defensa breve pero a la vez contundente del pensamiento ateo. Muy recomendable, especialmente por su lenguaje claro y conciso en defensa del ateísmo y la razón.

CITA DEL LIBRO:
Los libros de teología que hay en las bibliotecas del mundo no han aportado nada al progreso humano. No pienso, sin embargo, como David Hume, que deban ser arrojados al fuego, porque nos proporcionan un conocimiento importante de nuestra naturaleza, pues solo podemos conocernos a nosotros mismos si comprendemos nuestros errores. Lo que debemos hacer es llevarlos de la sección de teología o religión, donde están ahora, a la de mitología, que es donde deberían estar.
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El meme de la semana: Christopher Hitchens

El hombre que reza es el mismo que piensa que dios lo ha organizado todo mal, pero también piensa que puede instruir a dios sobre la forma de arreglarlo. Semienterrada en la contradicción se encuentra la siniestra idea de que no hay nadie responsable, o nadie con la menor autoridad moral. La llamada oración se anula a sí misma.
Christopher Hitchens (1949 - 2011), periodista y escritor, en "Mortalidad"
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El "efecto de las nueces de Brasil"

¿Por qué al agitar un recipiente con café los granos más grandes se trasladan a la superficie? ¿Por qué en una bolsa de frutos secos los ingredientes más grandes (como las nueces de Brasil) suelen estar en la parte superior del envase? 


La respuesta a las interesantes preguntas anteriores la podemos encontrar en la Física de la materia granular. En concreto, el efecto anterior se denomina "Separación por tamaño granular" (Granular convection), y a veces también se alude a él como "Efecto de las nueces de Brasil". En general, al sacudir cualquier recipiente en el que se encuentren granos, los de un tamaño mayor al resto saldrán a la superficie. Existen varias explicaciones físicas a la separación por tamaño.

Parece obvio, que este efecto queda fuera de, por ejemplo, los granos de polvo, ya que los primeros simplemente caerían entre los espacios que dejan las nueces. Por eso en este efecto, citando al profesor Heinrich M. Jaeger [1], el caso más interesante lo representan las mezclas de partículas que no presenten diferencias tan grandes de tamaño entre ellas, sino una variación cerca del 10%. En estos casos, y contradiciendo lo que a priori podríamos pensar, las partículas más grandes y más pesadas suben a la superficie.

Los mecanismos físicos que producen esta separación por tamaños son dos:

  • En primer lugar, durante una sacudida del recipiente hay un corto espacio de tiempo en el que las partículas grandes se separan brevemente de las más pequeñas que tienen a su alrededor y dejan espacio libre debajo, los granos pequeños pueden entonces moverse para ocupar ese espacio. Al querer volver a su lugar de origen al finalizar la sacudida, los fragmentos grandes ya no pueden. Posteriormente se repite el proceso en cada sacudida y el efecto que observamos es que las partículas grandes van, progresivamente, subiendo. 
  • El segundo mecanismo, y el que más importancia tiene a la hora de provocar el movimiento de ascenso, consiste en un bucle de convección (algo parecido al bucle del aire caliente y frío en una habitación). Al agitar la caja o el recipiente, las partículas se friccionan con las paredes del mismo, provocando que no suban sino que bajen. De este modo se crea un flujo de bajada cuya anchura sólo mide unos pocos diámetros de partículas. Al ser una corriente de convección, también hay un flujo en sentido opuesto, hacia arriba, situado en el centro del recipiente. Las partículas pequeñas suben por el centro y al llegar arriba bajan por los laterales del receptáculo, completando el círculo.

    ¿Qué pasa con las partículas grandes? Pues bien, las grandes ascienden por el centro igual que las demás, y una vez arriba se desplazan hacia los laterales para iniciar la bajada, pero la diferencia radica en que no bajan, no completan el ciclo. Al ser demasiado grandes, no logran penetrar completamente en la pequeña franja de corriente descendente y quedan atascadas en la parte superior. Tras unos pocos ciclos de sacudidas, el proceso da lugar a una concentración de partículas grandes en la parte superior. 

Los dos mecanismos que acabamos de ver son los responsables de la subida de los elementos granulares grandes, sin embargo existen diferencias entre ambos. El mecanismo de convección (el segundo) es el que lleva la voz cantante y el que provoca mejor el ascenso. Hay supuestos en los que no funcionaría, por ejemplo en el caso de que las paredes no produzcan fricción, pero en la práctica es difícil hacer paredes que no tengan rozamiento. 

Añado un vídeo que he encontrado en youtube (hay muchos sobre este efecto), que me parece muy ilustrativo:



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